Mariana Nannis, desde Marbella: el reclamo a Charlotte, la espera por Alex y una nieta que aún no conoce
La madre de los Caniggia habló por radio desde España y dejó en claro que no dará el primer paso para acercarse a su hijo mayor. Mientras tanto, alentó a Charlotte en un reality y reconoció que todavía no vio a Venezia, la hija de tres años de Alex y Melody Luz.
Imaginate la escena: un mediodía cualquiera en Marbella, el sol pegando fuerte sobre el Mediterráneo, y una mujer que lleva décadas instalada en la crónica del jet set local contestando el teléfono desde España para hablar de lo que más le duele. Eso es lo que pasó esta semana con Mariana Nannis, que volvió a quedar en el centro de la escena mediática no por un escándalo ni por una pelea nueva, sino por algo mucho más silencioso: la distancia que la separa de uno de sus hijos y la decisión firme de no mover ella el primer casillero.
Alex, el hijo que no llama
Sobre Alexander, Nannis fue tan clara como cruda. No hay reproche, no hay denuncia, tampoco hay rencores explicitados al aire. Lo que hay es la convicción de que la pelota está del otro lado de la red. "Con Alexander, yo qué sé, ahí está, es mi hijo, va a ser mi hijo siempre",dijo, y dejó flotando una frase que condensó toda su postura: "Cuando él se quiera acercar, yo acá estoy, soy su mamá". Y remató con un agregado que sonó a declaración de principios: "Siempre voy a ser su mamá".
“Obviamente que lo extraño, es mi hijo. ¿Qué madre no extraña a un hijo?”Mariana Nannis
Esa última pregunta retórica me parece la clave de todo. Porque Nannis no está buscando un golpe de efecto ni una pelea mediática con su hijo mayor. Está marcando, con la voz de alguien que ya pasó por demasiadas cosas, que el lazo existe más allá del desencuentro, y que la espera no es indiferencia: es, en todo caso, la manera que encontró de sostener el vínculo sin forzarlo.
Venezia, la nieta que todavía no conoce
Hay un costado de esta historia que pesa especialmente, y Nannis lo asumió sin esquivarlo. Venezia, la hija de tres años que Alex tuvo con la bailarina Melody Luz, es una figura que para ella está más en el plano del deseo que del cotidiano. "Sí, obvio, es mi nieta, obviamente" quiero conocerla", reconoció, y enseguida aclaró que ese encuentro depende de una decisión que no le corresponde a ella: "El día que los demás me la quieran presentar". La frase no sonó a queja, sino a un pedido respetuoso que, otra vez, deja la iniciativa afuera de su órbita.
Charlotte, la hija del reality
Como una suerte de contrapunto, la charla se tiñó de un tono bien distinto cuando el tema pasó a Charlotte. La hija menor de Nannis está participando de un reality y la madre, lejos del impasse que mantiene con Alex, se transformó en una hinchada a distancia. "Tenés que ganar, Charlotte", le dijo, y le bajó una recomendación bien de madre argentina criada entre cámaras: "Aguantate a todas las locas y ganá, Charlotte, vamos, si vos podés".
Mi lectura
Yo te confieso algo: este tipo de declaraciones me generan una incomodidad enorme, pero también una ternura que no esperaba. Porque Mariana Nannis podría haber hecho de esto un show, podría haber llorado en cámara, podría haber tirado nombres para recuperar centralidad mediática. En lugar de eso, eligió un lugar mucho más incómodo para alguien habituado a la exposición: el de la espera. Esperar que un hijo golpee la puerta, esperar que alguien le presente a una nieta, esperar que la distancia se acorte sin que ella tenga que ir a buscarla. Y en paralelo, empujar con todo a la hija que sí está cerca, incluso cuando esa cercanía se da a través de una pantalla y un reality.
¿Se puede resolver la fractura entre una madre y un hijo con una sola decisión? Yo creo que no. Pero después de escucharla, me queda la sensación de que Nannis ya tomó la única decisión que siente que le corresponde: estar, sin moverse del lugar. Lo demás, me parece, depende de un llamado que todavía no suena.
