Los primeros 90 días con antipsicóticos: la ventana crítica que puede cambiar la salud metabólica
Un relevamiento con casi 97.000 pacientes en Inglaterra reveló que el azúcar en sangre y el peso se disparan en el arranque del tratamiento. Los especialistas piden controles clínicos desde antes de la primera pastilla.
Son las nueve de la mañana en el barrio de Belgrano y don Horacio, que tiene a sesenta y dos, espera su turno en el centro de salud con el café con leche todavía tibio en la mano. Mientras acomoda el termo, me cuenta que a su hija, que le pesa más de lo que dice, le acaban de cambiar la medicación y que ahora le piden glucemia y peso cada quince días. La escena, tan cotidiana, resume lo que acaba de confirmar un equipo internacional: cuando se empieza un tratamiento con antipsicóticos de segunda generación, los primeros tres meses concentran el riesgo metabólico más alto de todo el proceso. No es un dato menor, porque en ese arranque silencioso se decide buena parte de lo que vendrá después.
El estudio, publicado el 14 de octubre en la revista The Lancet Psychiatry, analizó la historia de cerca de 97.000 adultos en Inglaterra que empezaron a tomar alguno de estos fármacos entre 2000 y 2023. Los investigadores compararon cómo se movían el azúcar en sangre y el peso antes y después de la primera dosis, y lo que vieron fue tan claro como preocupante: durante los primeros noventa días, la glucemia lo hizo aproximadamente catorce veces más rápido y el peso corporal unas nueve veces más rápido que en el período previo al tratamiento.
No todas las pastillas impactan igual
Los cuatro medicamentos que el equipo puso bajo la lupa son la olanzapina, la quetiapina, la risperidona y el aripiprazol, todos recetados de manera habitual en el sistema de salud argentino. La olanzapina fue la que mostró los cambios más pronunciados: el azúcar creció unas cincuenta veces más rápido y el peso unas diez veces más rápido en ese mismo tramo inicial. La quetiapina y la risperidona quedaron en un punto intermedio, mientras que el aripiprazol fue el que menor impacto metabólico presentó, lo que coincide con lo que los psiquiatras vienen observando en el consultorio desde hace años.
Quiénes pagan el costo más alto
El riesgo, además, no se reparte de manera pareja. Las personas que ya tenían prediabetes al iniciar el tratamiento desarrollaron diabetes tipo 2 en el 19 por ciento de los casos dentro de los dos años posteriores, frente a apenas el 3 por ciento entre quienes arrancaban con niveles normales de glucosa. Es una diferencia enorme, que habla de la importancia de medir antes de empezar a tomar la pastilla. A eso se suma otro dato que no pasó inadvertido para los autores: las mujeres mostraron cambios más acelerados que los hombres, con un azúcar en sangre que subió unas 24 veces más rápido durante los primeros noventa días, contra unas 10 veces en el caso de los varones.
“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en la cabeza, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London
Bazo-Alvarez, que también trabaja en la Universidad Peruana Cayetano Heredia, insistió en que la detección temprana permite actuar antes de que los cambios se consoliden. Al verificar a tiempo, dijo, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante. Es, en criollo, lo que cualquier médico de cabecera repite en la sala de espera: lo que se mide se controla, y lo que se controla se corrige.
Una historia que se repite del otro lado del mostrador
Vuelvo a la sala de espera de esta mañana de sol tibio en Belgrano, porque la escena me parece el mejor modo de cerrar esta nota. Don Horacio me mira con esa media sonrisa que se les arma a los padres cuando hablan de sus hijos grandes y les preocupa la salud. Me dice que al principio le parecía exagerado ir cada dos semanas, pero ahora, después de leer la indicación del psiquiatra con la receta al lado, entiende que esos controles más seguidos no son un capricho médico sino una manera de cuidar a su hija en el momento justo en que el cuerpo empieza a procesar la medicación. Es, en definitiva, lo que vino a confirmar este trabajo con casi 97.000 historias clínicas: que los primeros noventa días no son un trámite más del tratamiento, sino la ventana más decisiva para evitar que el remedio que cura una cosa termine enfermando otra. Sociedad y vida, Graciela Berardi.
