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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Levantarse de una silla, abrir un frasco, cruzar la calle: cinco movimientos que sostienen la vida diaria después de los 50

La rutina que proponen desde el National Institute on Aging y la American Geriatrics Society apunta a entrenar fuerza, equilibrio y movilidad para conservar la autonomía frente a las tareas más cotidianas, con la advertencia de que cada persona debe calibrar la intensidad según su propio cuerpo y su historia clínica.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 4 d
Levantarse de una silla, abrir un frasco, cruzar la calle: cinco movimientos que sostienen la vida diaria después de los 50

Son las nueve de la mañana de un martes cualquiera en el barrio de Once y Daniel, vecino del lugar, está apoyado contra la pared del bar de siempre mientras acomoda la bolsa de la farmacia y busca las llaves en el bolsillo, y ese pequeño gesto, ese equilibrio mínimo sobre una vereda todavía húmeda por la llovizna de la madrugada, es exactamente el tipo de movimiento que cuesta cada vez un poco más a partir de cierta edad y que, según los organismos de salud que estudian el envejecimiento, se puede entrenar con apenas unos minutos por día, porque la autonomía de mañana se juega en los gestos de hoy y no hay aparato más delicado ni más caro que el propio cuerpo cuando empieza a avisar que algo falla, y es ahí, en ese aviso silencioso, donde entran en escena cinco ejercicios pensados para personas mayores de 50 años que prometen, si se los toma en serio y se los adapta con prudencia, marcar una diferencia concreta en la vida de cada uno.

Sentarse y levantarse, el primer paso

La fisioterapeuta Teresa Liu-Ambrose y su colega Julie Na difundieron una rutina breve que reúne cinco movimientos y que yo, después de revisarla con cuidado y de cruzarla con las guías del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos y de la American Geriatrics Society, resumo así para que se entienda sin necesidad de ser médico ni deportólogo, porque la idea es tan sencilla como poderosa y se puede empezar mañana mismo, sentado en la silla de la cocina, con chancletas, sin prensa y sin reloj en la mano.

  • Sentarse y levantarse de una silla, despacio, sin ayudarse con los brazos, para entrenar la fuerza de las piernas y la coordinación del cuerpo entero, empezando con pocas repeticiones y subiendo de a poco como enseña la American Geriatrics Society.
  • Elevar los talones y después la punta de los pies apoyándose en una mesa o en el respaldo firme de una silla, para movilizar los tobillos y activar la musculatura que sostiene el equilibrio al caminar sobre superficies irregulares.
  • Caminar en tándem, o sea ubicar un pie delante del otro siguiendo una línea imaginaria, con una pared o mueble cerca por si la estabilidad flaquea, porque achicar la base de apoyo reta al cuerpo entero a corregirse.
  • Separar una pierna hacia el costado, tomarse de una silla y mantenerla unos segundos en el aire, para trabajar la cadera y los músculos laterales que intervienen al girar o al esquivar un obstáculo en la calle.
  • Abrir el pecho contra la pared, con un brazo extendido y el cuerpo girado, para estirar hombros y pectorales, aliviar la rigidez de la zona y mejorar la postura al sentarse a comer o al manejar.

Por qué importa cada gesto

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, que depende de los institutos de salud de Estados Unidos, repite en sus guías que la actividad física en edades avanzadas debe combinar tres patas bien firmes, que son el trabajo aeróbico, el fortalecimiento muscular y el entrenamiento del equilibrio, porque ninguna sola alcanza y porque las tres juntas cubren lo que la vida cotidiana le pide al cuerpo, desde cargar las bolsas del supermercado hasta levantarse del inodoro a las tres de la mañana, y la advertencia es siempre la misma, que la progresión debe ajustarse a la condición de cada persona y que no corresponde replicar la misma intensidad ni el mismo volumen para todos, una idea tan obvia en el papel y tan difícil de cumplir en la práctica porque uno tiende a compararse con el de al lado o con lo que era hace diez años.

“Yo antes me agachaba sin pensarlo, ahora me tengo que acordar de cómo hacer para no quedar trabado, y cada vez me cuesta un poco más.”Daniel, vecino de Once

Lo que dice la evidencia más reciente

A ese cuerpo de recomendaciones se suma un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista PLOS One que, según el material de base, siguió durante doce semanas a 97 adultos de 65 años o más con dificultades previas para caminar, una secuencia diaria de entrenamiento diseñada para mejorar el equilibrio y la movilidad funcional, y aunque el reporte completo no se reproduce aquí sí deja una conclusión que vale la pena repetir, que el trabajo sostenido y bien guiado devuelve resultados medibles en la vida cotidiana y que no hace falta un gimnasio ni una aparatología costosa para empezar, alcanza con una silla firme, una pared libre, diez minutos y la decisión de tomarse el asunto en serio antes de que un resbalón en la vereda o un tropezón en el cordón termine escribiendo la noticia en lugar del que escribe esta columna.

Vuelvo entonces a Daniel, que ya encontró las llaves, ya se acomodó la bolsa y ya está cruzando la puerta del bar con ese paso corto y firme que se puede entrenar, que se puede conservar y que, con la rutina adecuada y la consulta previa a un profesional cuando haga falta, se puede estirar en el tiempo como se estira esta mañana de martes en Buenos Aires, gris y fresca, que se hace larga y que, si uno se lo propone, también se puede caminar sin miedo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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