Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

La panza que se infla después de cenar: cuando un diario en la mesa puede aclarar el misterio

Comer rápido, tomar gaseosas o sumar fibra de golpe aparece como denominador común en las noches de molestias abdominales. Registrar qué se comió y cómo se comió ayuda a encontrar patrones antes de sacar alimentos de la mesa.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 29 d
La panza que se infla después de cenar: cuando un diario en la mesa puede aclarar el misterio

Son las nueve y pico de la noche en el barrio de Belgrano y, mientras dobla el mantel sobre la mesa, Marta lo dice con la resignación de quien ya conoce el final: otra vez la panza hinchada después de cenar. Afuera, el termómetro marca veintitrés grados, hay olor a pasto regado y el ruido de un colectivo que pasa por la esquina completa la postal de cualquier noche de martes en Buenos Aires. Ella no está sola: son miles los porteños que terminan el día con esa misma sensación de abdomen lleno y, muchas veces, con un pantalón que de repente queda más ajustado que a la hora del primer plato.

Y acá viene lo que casi nunca se dice: esa hinchazón de la noche, esa panza que parece crecer a último momento, no siempre responde a lo que se comió sino también al cómo se comió. La velocidad con la que se llevan los bocados a la boca, las gaseosas que se suman a la comida, el chicle de después o esa costumbre de hablar mientras se mastica son, según el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK), algunas de las vías por las que se traga más aire del que el cuerpo puede manejar sin protestar.

Sentirla y verla no es lo mismo

Antes de seguir, vale una aclaración que parece menor y no lo es. El NIDDK distingue dos cosas que suelen mezclarse en la conversación cotidiana: la hinchazón, que es la sensación de tener el abdomen lleno o más voluminoso, y la distensión, que es el aumento visible del tamaño de la panza. Las dos pueden aparecer juntas, pueden venir con eructos o con flatulencias, y en los dos casos la noche se hace un poco más larga.

El valor de anotar lo que pasa

Cuando le pregunto a Marta qué hizo distinto en las últimas cenas, se queda pensando y me dice, casi como disculpándose, que a veces come mirando el celular y termina en veinte minutos lo que debería llevarle cuarenta. No es la única. Anotar qué se comió, cómo se comió y en qué momento apareció la molestia es la forma más concreta de empezar a entender un patrón, y también el insumo más útil para llevar a una consulta sin tener que reconstruir todo de memoria.

  • Comer o beber rápido, que aumenta el aire tragado.
  • Hablar durante la comida, masticar chicle o usar sorbete, también suma aire.
  • Tomar gaseosas en la mesa, un clásico de las cenas argentinas.
  • Preparaciones con mucha grasa, que en algunas personas coinciden con más distensión.
  • Sumar fibra de golpe, sobre todo soluble, que las bacterias del intestino grueso fermentan y producen gas.
  • Legumbres, lácteos, algunas frutas y vegetales, que pueden generar más gas en personas puntuales.

La fibra no es enemiga, pero el modo importa

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) separa la fibra soluble, que se disuelve en agua y es descompuesta por bacterias, de la insoluble, que recorre buena parte del aparato digestivo sin descomponerse. Por eso no todos los alimentos ricos en fibra generan la misma respuesta y por eso, también, las dietas restrictivas que sacan ingredientes de manera preventiva suelen ser una solución que termina siendo más amplia que el problema. La presencia de un alimento en el plato no significa que tenga que desaparecer de la mesa.

Ahora bien, tampoco se trata de mirar para otro lado. Si la molestia aparece noche tras noche, se suma dolor intenso, cambia el tránsito intestinal o se pierde peso sin una causa que lo explique, la indicación de los consensos médicos es clara: la consulta es el paso que corresponde, y cuanto antes mejor. Una hinchazón ocasional después de una cena abundante no es por sí misma una señal de alarma, pero la repetición con síntomas asociados sí lo es.

Vuelvo a la mesa de Marta, ya desarmada, con los platos en la pileta y el pantalón que vuelve a quedar como antes. Me cuenta que va a probar algo simple: comer más lento, dejar la gaseosa para después y anotar qué cena y cómo se siente. No es una solución mágica, me dice mirándome como quien pide que la crean, pero al menos le devuelve a la noche algo que la hinchazón le venía sacando: la tranquilidad de saber que uno puede empezar a entender lo que le pasa antes de sacar conclusiones apuradas.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

Te puede interesar