La historia real del hombre que secuestró a un banquero para hablar por televisión y que ahora revive en streaming
La nueva película de Gus Van Sant, con Bill Skarsgård como protagonista, reconstruye el caso insólito de Tony Kiritsis, un deudor desesperado que en los años setenta tomó como rehén al hijo de un financista para exigir su minuto de fama en la pantalla chica. Después de un paso discreto por las salas, el film ya se puede ver en Movistar Plus.
Imaginen una oficina bancaria en Indianápolis, a fines de la década del setenta, con las persianas a medio bajar y un hombre de aspecto común que entra caminando con un paquete envuelto en papel de diario. Ese hombre no es un ladrón profesional ni un desequilibrado cualquiera: es Tony Kiritsis, un ciudadano común que había solicitado un préstamo para comprar un terreno y que, tras recibir la negativa del banco, empezó a sospechar que la entidad quería quedarse con su propiedad para revenderla y especular con el lote. La respuesta que encontró fue tan extrema como insólita: tomó como rehén al hijo del dueño de la financiera con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal atado al cuello, y formuló dos exigencias bien claras, una indemnización económica y la posibilidad de contar su historia en un canal de televisión nacional, en vivo y para todo el país.
Un caso insólito que vuelve al cine de la mano de Van Sant
De ese episodio real, ocurrido en 1977, se nutrió Gus Van Sant para armar Prime Crime: A True Story, también conocida como Dead Man's Wire, un thriller de bajo presupuesto que llega ahora a Movistar Plus después de haber pasado casi desapercibido por las salas, donde apenas recaudó 3,8 millones de dólares frente a un costo estimado por debajo de los 15 millones. Para el director de títulos como Todo por un sueño y Mi nombre es Milk, se trata de un regreso a un terreno que conoce bien, el de personajes outsiders que chocan de frente contra las reglas del sistema y terminan buscando salidas desesperadas por fuera de los márgenes establecidos, un tema que el cineasta ya había explorado en films como El indomable Will Hunting y que acá vuelve a poner en primer plano.
El peso de la trama recae sobre Bill Skarsgård, el actor sueco que se hizo conocido por su paso por el universo de It, de Stephen King, y que con el tiempo construyó una trayectoria que va del terror más explícito al drama más contenido. Acá lo vemos componiendo a un hombre común que se vuelve imprevisible, sostenido por una actuación donde la calma y la desesperación se mezclan en partes iguales, sin nunca caer en el golpe bajo ni en el subrayado excesivo.
Un thriller con aroma setentoso y un cierre con banda de sonido política
El film construye una atmósfera de tensión sostenida, con referencias formales al cine de género norteamericano de los años setenta, en particular al tipo de thriller urbano que mezcla la presión policial con la cobertura mediática en tiempo real, ese registro que en su momento explotaron cintas como Dog Day Afternoon, de Sidney Lumet, y que acá Van Sant resignifica con su propia mirada, más contenida, más seca, más atenta a los silencios que a los estallidos.
El cierre, además, incorpora música de Gil Scott-Heron, un guiño que no es casual ni decorativo, sino que carga de sentido político el desenlace sin abandonar nunca el registro del thriller. La película no termina de resolver del todo sus propias contradicciones, pero deja flotando una pregunta incómoda sobre los límites reales de alguien que intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan en tamaño, en poder y en recursos.
Después de un paso discreto por las salas, la cinta encontró en el streaming su segunda oportunidad de llegar al público, una dinámica que ya se volvió habitual para el cine de género con intención autoral, que suele tener más llegada en las plataformas que en la cartelera tradicional. Por eso me queda dando vueltas una pregunta, y se la dejo a ustedes: ¿creen, como yo, que este tipo de historias, incómodas, densas, pensadas para ver con atención, tienen hoy más futuro en las plataformas que en las salas, o seguimos extrañando la experiencia de descubrirlas en una pantalla grande?
