La escena que Eastwood filmó, vio y guardó en un cajón: el final que Sin Perdon nunca mostró
Treinta y cuatro años después del estreno de la película ganadora de cuatro Premios Óscar, se conoció que Clint Eastwood llegó a rodar un cierre alternativo para William Munny que él mismo decidió descartar y que nunca vio la luz, ni siquiera como material extra.
Imaginensé la sala vacía, las butacas todavía tibias, y a Clint Eastwood sentado frente a una pantalla de edición con la luz del proyector temblándole en la cara. Ahí, en ese silencio de fin de jornada, el director de Sin perdón vio por primera vez la escena que él mismo había rodado como cierre alternativo de la película. La miró, la pensó, y tomó una decisión que durante más de tres décadas permaneció oculta: la sacó de la película para siempre. No la dejó como escena borrada en un disco, no la publicó como extra en ninguna edición hogareña, no la ó para un making of. Directamente la mandó al cajón de los recuerdos, y el mundo del cine se enteró recién ahora, cuando el guion original de David Webb Peoples volvió a ser noticia al cumplirse un nuevo aniversario del estreno.
La historia arranca mucho antes de 1992, cuando Eastwood se había enamorado del libreto de Peoples. Lo había comprado a principios de los años ochenta, cuando todavía estaba en la cresta de la ola de sus películas de acción, y lo guardó durante casi una década. Esperaba el momento justo, el tono adecuado, la edad correcta del actor para meterse en la piel de William Munny, ese pistolero retirado, viudo y con dos chicos, que vuelve a empuñar un revólver por una recompensa en metálico. La espera rindió sus frutos: Sin perdón se llevó cuatro premios de la Academia y se consagró como uno de los westerns más recordados de las últimas décadas. Pero lo que casi nadie sabía es que el montaje que llegó a los cines no era el único que existió.
La escena que Eastwood rodó y nunca usó
Peoples contó en detalle qué pasaba en ese segmento perdido. Después de toda la sangre derramada en Big Whiskey, Munny regresaba a su casa y se reencontraba con sus hijos. El reencuentro era tranquilo, casi íntimo, pero el guion tenía una bomba silenciosa escondida en una pregunta inocente. El hijo mayor, Will Jr., notaba de pronto que la familia tenía plata y le preguntaba al padre de dónde había salido. Munny le respondía que no, que él no había matado a nadie.
“Munny no dice 'maté a esos hijos de puta'. Está avergonzado de lo que hizo.”David Webb Peoples, guionista de Sin perdón
Para Peoples, la idea tenía una referencia cinéfila muy concreta y la contó sin vueltas: la tomó prestada del cierre de El padrino, esa secuencia donde Michael Corleone le cierra la puerta en la cara a su mujer Kay y le miente sobre su papel en la masacre que lo consagró como jefe del clan. La conexión entre ambas películas tiene un condimento extra: antes de que el proyecto cayera en manos de Eastwood, uno de los directores candidatos a ponerse al frente fue nada menos que Francis Ford Coppola, el mismísimo autor de El padrino. Como verán, los cruces entre ambos films son más profundos de lo que aparentan.
Eastwood le explicó a Peoples por qué la descartaba. Le dijo, palabra más palabra menos, que le parecía un golpe de más, que la película ya había dicho todo lo que tenía que decir con el final que sí quedó en la versión definitiva. El guionista asegura no saber dónde está hoy ese material filmado y descarta que haya visto la luz en alguna edición hogareña o plataforma de streaming. Es, literalmente, un final que existió durante unas semanas en una sala de montaje y después desapareció del mapa.
Mi lectura, con el corazón en la mano
A mí, que vi Sin perdón varias veces y que cada tanto vuelvo a ella como quien vuelve a una casa de la infancia, esta historia me deja pensando. Eastwood tuvo razón en cortarla, y al mismo tiempo me genera una melancolía enorme que no la conozcamos. El cierre que el público vio, con ese Munny montado a caballo alejándose del pueblo mientras la voz en off dice aquello de que es un monstruo igual que cualquier otro, es perfecto y redondo. Pero ese otro final, con el padre mintiéndole al hijo en la mesa de la cocina, tenía una crueldad íntima que tal vez le hubiera dado al personaje una textura todavía más humana. Eastwood eligió el silencio épico por sobre la confesión hogareña, y probablemente fue la decisión correcta para una película que se juega entero en los silencios del oeste. Pero una parte de mí, la parte que siempre se queda con ganas de ver qué había del otro lado de la montaña, no puede evitar preguntarse cómo se hubiera sentido esa mentira en la pantalla grande. Y a ustedes, ¿qué les pasa con estas decisiones de los directores que cambian para siempre la memoria de una película?
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