La biopic de Moria Casán quedó enredada en la Justicia: dos hijos de su exmarido ya la llevan a los tribunales
A menos de cuatro semanas del estreno, la serie de Netflix enfrenta dos demandas en paralelo presentadas por Ingrid y Ramiro Vadalá. El segundo reclamo amplía la lista de acusados e incluye al director del proyecto.
Todavía resuena en la memoria reciente el living que recrearon para esta serie biográfica de Moria Casán disponible en Netflix, con sus tonos dorados y esa ambientación que parece sacada de un revista de los años setenta, y ya hay dos escritorios de abogados trabajando a full sobre el mismo expediente. Es que en menos de un mes desde su estreno, la producción acumula un frente judicial que se amplió con una segunda demanda, esta vez presentada por Ramiro Vadalá, hijo de Luis Vadalá, el exmarido de la vedette. La acción se suma a la que ya había iniciado Ingrid, su hermana e hija también de Vadalá, quien incluso ya atravesó su primera audiencia.
Quién demanda a quién y por qué
Ramiro demandó a Netflix, a la productora y a la propia Moria Casán. La particularidad de su presentación es que, a diferencia del reclamo de Ingrid, también incluyó entre los demandados a Javier Van de Couter, el director de la serie. La primera audiencia de esta segunda causa está prevista para fines de septiembre, por lo que todavía no hay una definición sobre el fondo de la cuestión.
Los fundamentos del reclamo son tres y aparecen por escrito en la presentación: daño psicológico, daño moral y perjuicio a la imagen de su padre. Los demandantes entienden que la serie muestra a Vadalá en situaciones de consumo de sustancias y de violencia, y que esa representación habilitó críticas públicas sobre su figura, algo que, argumentan, terminó afectando la imagen y el recuerdo del hombre. Entre las escenas cuestionadas también figura una en la que el personaje aparece desnudo frente a una hija menor de edad.
- La serie no menciona en ningún momento el apellido Vadalá: al personaje siempre se lo llama por su nombre de pila.
- No se pide editar la producción ni eliminar las escenas: el reclamo es por un resarcimiento económico, cuyo monto se definirá en una audiencia posterior.
- La demanda incluye, además, un pedido de disculpas públicas.
La postura de la defensa de Moria
Desde el lado de Moria, su abogado César Carozza salió a cuestionar los argumentos de la familia y eligió poner el foco en uno de los puntos que más llamaron la atención del debate público: la objeción a una escena donde el personaje es presentado con un origen humilde y con trabajo en mecánica. "¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?", preguntó el letrado, dejando planteada una defensa que apunta a discutir qué se considera realmente ofensivo a la hora de retratar la vida de alguien.
“¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?”César Carozza, abogado de Moria Casán
Un dato que cambia la mirada
Hay un dato que, cuanto menos, suma contexto a la discusión. En 2007, el propio Luis Vadalá se sentó frente a las cámaras de Gran Hermano Famosos, con cámaras activas las 24 horas, y relató en primera persona varios de los episodios que hoy aparecen ficcionalizados en la serie. Ese antecedente es uno de los argumentos que suele citarse en los debates por las biopics: cuando el propio protagonista de los hechos eligió en su momento exponer su vida sin filtro, el escenario judicial cambia.
La pregunta que sobrevuela el caso
Más allá del expediente concreto, lo que esta pelea termina poniendo sobre la mesa es una discusión que excede a Moria y a Netflix: ¿tienen las producciones biográficas que responden legalmente por el modo en que retratan a personas del entorno del protagonista, aunque no las nombren? La pregunta no es menor, porque cada vez hay más ficciones de este tipo en las plataformas y el precedente que se siente acá puede marcar el tono de lo que viene.
La opinión de quien firma
Voy con mi lectura, porque creo que vale la pena ponerla sobre la mesa sin rodeos. Me cuesta mucho simpatizar con un reclamo que pide plata por escenas que muestran un origen humilde y un oficio digno como si fueran una ofensa, y me cuesta aún más cuando el pedido se apoya en una figura que en su momento eligió la exposición total. Pero también entiendo que los hijos, ahora grandes, pueden sentirse invadidos al ver a su padre desnudo en una ficción, y que ese lugar merece ser escuchado. Creo que ahí está la trampa del género biográfico, que cada vez se estila más: no hay biografía inocente, y cuando alguien decide contar la vida de otro, también decide cuánto dolor ajeno está dispuesto a asumir. Lo que ya no puedo hacer como espectadora es mirar esta serie sin escuchar, del otro lado del, el ruido de los tribunales. Y eso, me guste o no, ya forma parte de la obra.
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