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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Inscripciones 2027 en Córdoba: la guía que falta en la mesa familiar antes de firmar la matrícula

En los colegios privados con aporte provincial se acumulan hasta cinco meses de cuotas sin actualizar. Javier Basanta Chao, de la Cámara Cordobesa de Instituciones Educativas Privadas, detalla qué preguntar en la institución para no llevarse sorpresas en marzo.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 1 d
Inscripciones 2027 en Córdoba: la guía que falta en la mesa familiar antes de firmar la matrícula

El sol cae pesado sobre el patio de la escuela Mariano Moreno, en barrio Alta Córdoba, y Adriana, una mamá de dos chicos que cursan la primaria, termina de garrapatear en un cuaderno los números que le pasaron en la secretaría. Es una escena que se repite por estos días en los hogares cordobeses: la calculadora, la planilla, las consultas entre vecinos sobre cuánto se paga este año y cuánto se va a pagar el que viene. Porque antes de cerrar la inscripción para el ciclo lectivo 2027, las familias que llevan a sus hijos a colegios privados tienen una conversación pendiente con las instituciones, y esa conversación no es menor: la situación cambia de manera sustancial según se trate de un establecimiento con aporte estatal o sin él.

En esta nota, que escribo mientras el termómetro marca treinta y dos grados y una brisa tibia mueve las hojas de los jacarandás, recojo lo que hay que saber para llegar a la reunión con la institución con las preguntas hechas. La fuente es directa: Javier Basanta Chao, referente de la Cámara Cordobesa de Instituciones Educativas Privadas, que conoce al detalle los entretelones de los aranceles en la provincia y que, con un tono sereno, se presta a desmenuzar un tema que a las familias les suele llegar enredado y con cifras que asustan.

Qué es la matrícula y por qué importa cuánto se paga

La primera aclaración es elemental y, sin embargo, genera confusión todos los años. La matrícula no es un número caprichoso ni un invento de cada colegio: equivale, de manera aproximada, a entre dos y tres cuotas del valor que se abona en ese momento. El dato no es rígido porque el importe final depende del arancel de cada institución, así que la única manera fiable de saberlo es preguntar de manera directa en la administración del colegio, con el cuadro tarifario a la vista y, si es posible, por escrito. Ese número, que se paga una sola vez al año, suele ser el primer impacto en el presupuesto familiar de febrero y, por eso, conviene tenerlo previsto antes de firmar cualquier compromiso de vacante.

Colegios sin aporte: más libertad, pero con reglas claras

Los establecimientos que no reciben aportes del Estado cuentan con mayor margen para fijar sus tarifas, aunque eso no significa que operen en el vacío. La mayoría trabaja con un cronograma de ajustes que contempla la inflación del período y las variaciones salariales del sector docente, y tienen la obligación legal de comunicar cualquier cambio a las familias con la anticipación debida. Existe, además, una regla que funciona como piso: ningún colegio puede modificar las condiciones de contratación dentro del mismo año calendario. Los aumentos rigen para el ciclo siguiente y deben informarse antes de que ese ciclo comience, de modo que las familias tengan tiempo de evaluar si les conviene continuar, cambiar de establecimiento o reorganizar el presupuesto. Es, en definitiva, un sistema con más previsibilidad de la que aparenta, siempre que las instituciones cumplan con los tiempos y las formas.

Colegios con aporte provincial: la espera que ya acumula cinco meses

El escenario se vuelve más complejo cuando el colegio recibe financiamiento de la provincia, una categoría que engloba a buena parte de las instituciones privadas de Córdoba. En esos casos, para modificar los aranceles hace falta la autorización formal del organismo de control, más allá de que las familias estén de acuerdo o de que la inflación haya comido el valor real de la cuota. Este año, el sector presentó las declaraciones juradas de aranceles entre abril y los primeros días de junio, pero después debió aguardar la apertura de una instancia de rectificación para poder solicitar nuevos valores. Esa demora no fue un dato administrativo menor: se tradujo en meses de cuotas sin actualizar que quedaron a la espera de un visto bueno que tardó en llegar.

“Se acumula la cuota de junio, julio, agosto, septiembre, octubre. Tenemos cinco meses, lo cual lógicamente va a impactar de manera crítica en los esfuerzos de la familia.”Javier Basanta Chao, Cámara Cordobesa de Instituciones Educativas Privadas

La Cámara, según cuenta su representante, viene trabajando desde hace tiempo en la búsqueda de una modalidad de actualización gradual, parecida a la que ya aplican los colegios sin aporte, con el objetivo de evitar que los ajustes se concentren en un solo golpe sobre el bolsillo de las familias. La idea, en criollo, es que en lugar de recibir cinco meses de deuda acumulada en una sola cuota, los incrementos se repartan mes a mes, de la misma manera en que van subiendo los salarios y los precios. Es una discusión que lleva tiempo sobre la mesa y que todavía no tiene resolución definitiva, pero que aparece como una de las claves para entender por qué la cuota de 2027 puede llegar con un salto significativo en los establecimientos con financiamiento provincial.

Qué preguntar antes de firmar: una lista para llegar preparados

La recomendación práctica, como me la transmitió Basanta Chao en una charla que se extendió bastante más de lo previsto, es directa y no requiere grandes conocimientos contables. Antes de confirmar la vacante, las familias deberían hacerse un puñado de preguntas concretas y pedir respuestas por escrito cada vez que sea posible. A la salida de la reunión con la secretaría del colegio, lo ideal es tener claro cuánto se va a pagar de matrícula en 2027, cómo se compone ese número, cuál es el valor actual de la cuota y qué criterio de actualización se aplicará durante el año. También conviene saber si el establecimiento tiene aporte provincial o no, porque de eso depende la modalidad de aumento, y preguntar si la institución maneja un cronograma de incrementos mensuales o si, por el contrario, los ajustes se concentran en uno o dos momentos del año. Toda esa información, que parece obvia, es la que después marca la diferencia entre un enero ordenado y un marzo de sobresaltos.

Vuelvo a la escena del principio, al patio del Mariano Moreno, donde Adriana guarda el cuaderno en la mochila y cruza una mirada con otra mamá que también hace cuentas. La charla entre ellas, de la que me hago eco en estas líneas, resume lo que repite Basanta Chao y lo que repite cualquier familia que haya pasado por el trámite: la información existe, está disponible, y lo que falta muchas veces es la costumbre de pedirla a tiempo, antes de que el ciclo arranque y los márgenes para elegir se achiquen. Porque, como quedó dicho, la única manera de saber cuánto se va a pagar es preguntar, y la única manera de protegerse es anotar la respuesta. Lo demás queda en manos de la inflación, de los acuerdos salariales y de la buena voluntad de un sistema que, por estas semanas, acumula meses de espera y familias que, como Adriana, hacen números bajo el jacarandá.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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