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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Iñárritu vuelve al teatro con Tom Cruise y una pregunta que incomoda

Más de diez años después de "Birdman", el director mexicano regresa al mundo de las bambalinas con "Digger", una película que pone a Cruise frente a la contradicción de financiar con dinero de un magnate la obra que lo denuncia.

Por Florencia CabralCultura y espectáculos · · hace 5 d
Iñárritu vuelve al teatro con Tom Cruise y una pregunta que incomoda

La sala está a oscuras antes de que se levante el telón, y uno ya intuye que lo que va a pasar adentro no va a dejar a nadie conforme. Eso es exactamente lo que propone "Digger", la nueva película de Alejandro González Iñárritu, que después de más de una década vuelve al mismo territorio que en 2014 lo había consagrado con "Birdman": un escenario teatral, una estrella de cine en crisis y una reflexión de fondo sobre qué lugar ocupa el arte cuando necesita del dinero para existir.

Esta vez el vehículo es Tom Cruise, que se pone en la piel de un personaje dispuesto a aceptar el respaldo de un magnate millonario para producir una obra teatral, con el objetivo de rescatar a su propia hija de una situación que ese mismo mundo de poder contribuyó a generar. La paradoja está a la vista desde el primer momento: el arte que denuncia al dinero solo puede existir gracias a ese dinero, y esa tensión no se resuelve en ningún tramo del relato.

La misma cocina, pero con otro humor

Quien haya visto "Birdman" va a reconocer varias de las herramientas que Iñárritu vuelve a poner sobre la mesa: la mirada entre bambalinas, el actor estrella lidiando con sus inseguridades, el público convertido en juez y la pregunta de fondo sobre el sentido de crear cuando la industria condiciona cada paso. La diferencia, y es donde la película se vuelve más interesante, está en el tono. Si "Birdman" terminaba funcionando como una celebración algo desaforada del artista que se anima a saltar al vacío, "Digger" cierra con pocas concesiones y deja a su protagonista con la incomodidad a cuesta.

La película también ajusta la forma de mirar: se aleja del falso plano secuencia que había sido marca registrada de aquella, pero conserva casi todo lo demás. Lo que cambia es la intención, y se nota. Donde antes había margen para la sonrisa cómplice, ahora queda la pregunta de qué significa aplaudir, en una sala llena, la caída de un poderoso, cuando en la vida real esa caída nunca termina de llegar.

  • Vuelve la tensión entre creación artística y financiamiento privado como eje central del relato.
  • Tom Cruise queda en el centro de la apuesta, y de su trabajo depende gran parte del recorrido de la película en la temporada de premios.
  • El tono se corre de la celebración al incomodidad: la denuncia es más áspera y menos complaciente.
  • La película pierde terreno en el circuito de premios frente a largometrajes de mayor alcance comercial, pero gana en densidad conceptual.
“El arte puede denunciar al dinero que lo financia, pero difícilmente pueda zafar de él.”Florencia Cabral, Cultura y espectáculos
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Florencia CabralCultura y espectáculos

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