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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Huevos en la mesa diaria: lo que los rodea cambia lo que le hace al corazón

Verduras, avena, palta o papa con piel suman nutrientes que ayudan a cuidar la presión y el colesterol. La sal, los fiambres y la manteca pueden ir en la dirección opuesta. Una guía para repensar el clásico plato de huevos sin resignar sabor.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 11 d
Huevos en la mesa diaria: lo que los rodea cambia lo que le hace al corazón

El jueves a la mañana, en el barrio de Caballito, Amalia enciende la hornalla y empieza a separar ingredientes para el desayuno de la familia. Tiene una bandeja con huevos, una planta de espinaca fresca que cosechó del balcón, dos paltas que trajo del mercado de Rivadavia y un paquete de avena arrollada. Mientras casca los huevos en una sartén de hierro, me cuenta que hace unos meses decidió cambiar lo que pone al lado del plato: ya no hay fiambre ni manteca sobre la mesa, y la sal común casi no aparece. "Empecé por el médico, que me dijo que la sal me estaba haciendo mal, y después fui leyendo de a poco", dice, mientras revuelve el revuelto con un tenedor de madera. Fuera de la ventana, un sol tibio de finales de agosto entra por el patio y la radio pasa un tango viejo de Gardel que a Amalia le recuerda a su padre.

Ese cambio doméstico que Amalia fue haciendo de manera intuitiva tiene bastante respaldo en la literatura nutricional que circuló a diario. Una comida con huevo puede tener una composición muy distinta según lo que se sirva al lado. Las verduras, la avena o la palta aportan nutrientes diferentes de los que predominan en fiambres y manteca, y para cuidar la salud cardiovascular conviene prestar atención al conjunto de la preparación, incluida la sal utilizada al cocinar y condimentar.

El potasio como socio del riñón

En la cocina, una opción es preparar los acompañamientos hervidos, al vapor o al horno y darles sabor con hierbas aromáticas, especias o jugo de limón. Estos recursos permiten reducir el uso del salero. La papa cocida con piel aporta potasio y fibra, mientras que la espinaca también permite incorporar ambos nutrientes sin recurrir a salsas procesadas. El potasio tiene una función complementaria al control de la sal: favorece la eliminación de sodio por los riñones y la relajación de las paredes arteriales. La Organización Mundial de la Salud señala que el consumo elevado de sal aumenta la retención de agua en la circulación y eleva la presión arterial, de modo que sumar vegetales y moderar el sodio son decisiones que se relacionan entre sí.

Fibra soluble, avena y colesterol

El colesterol requiere mirar otros componentes del plato. La Escuela de Salud Pública de Harvard indica que el colesterol de la yema tiene un impacto reducido sobre los lípidos sanguíneos en personas sanas. A su vez, la fibra soluble de la avena puede ayudar a disminuir el colesterol LDL, y la explicación está en el proceso digestivo: el beta-glucano de la avena forma una sustancia viscosa que favorece la eliminación de sales biliares, de acuerdo con Mayo Clinic. Para reponerlas, el hígado utiliza colesterol presente en la sangre, así que ese agregado cobra sentido dentro de un patrón alimentario sostenido, no como una solución aislada.

  • Verduras al vapor o al horno (espinaca, zapallo, acelga) para sumar potasio y fibra sin sumar sodio.
  • Papa cocida con piel, otra fuente de potasio que reemplaza a las versiones fritas o procesadas.
  • Avena arrollada o en hojuelas, por su fibra soluble capaz de colaborar con la reducción del colesterol LDL.
  • Palta en lugar de manteca o fiambres, para incorporar grasas insaturadas al plato.
  • Salmón o pescado azul como variante, por su aporte de ácidos grasos omega tres vinculados con los triglicéridos.
  • Hierbas, especias y jugo de limón para reemplazar parte de la sal sin perder sabor.

También importa qué grasas acompañan al huevo. Reemplazar embutidos por opciones con grasas insaturadas, como palta o salmón, mejora la composición de la comida. El salmón aporta, además, ácidos grasos omega tres que contribuyen a reducir los triglicéridos. La elección de ingredientes y condimentos permite ajustar el plato cotidiano sin grandes renuncias, y el efecto se nota cuando la decisión se sostiene en el tiempo.

Antes de irme, Amalia me convida una rodaja de pan integral con palta y un poco de pimienta. En la mesa todavía están los huevos revueltos, la espinaca salteada con apenas una pizca de aceite de oliva y un pocillo con avena arrollada que espolvorea con semillas. Me dice que al principio la familia extrañó la manteca y el jamón, pero que hoy ya nadie pregunta por ellos. "Es cuestión de proponérselo y de tener cosas ricas a mano", resume, mientras limpia la sartén con un repasador de algodón. La radio sigue sonando, el sol de Caballito sigue entrando por el patio, y la pregunta queda flotando sobre la mesa como un eco de esa conversación: qué se elige poner al lado del huevo, porque el huevo, en el fondo, nunca viene solo.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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