Graham Yost, el hombre que se atrevió a desobedecer a Hugh Howey para salvar a Silo en la pantalla
El creador de la serie de Apple TV+ defiende los cambios respecto a los libros originales y explica por qué la televisión exige traicionar, al menos en parte, a la novela que le da origen. La tercera temporada ya está en el catálogo de la plataforma.
Imaginate entrar a un set enorme, oscuro, donde cada rincón huele a tierra y a metal, y entender que esa mole que ves en pantalla es, en realidad, un edificio construido por dentro como un panal. Eso es Silo, la serie que Apple TV+ acaba de cerrar con su tercera temporada y que nació de la trilogía distópica que Hugh Howey publicó hace ya más de una década. Pero lo que llega al living de tu casa no es exactamente lo que Howey escribió, y su responsable creativo, Graham Yost, no tiene ningún reparo en admitirlo. De hecho, lo defiende con una convicción que contagia.
Quien se sentó a escribir los guiones de Silo no es un improvisado. Yost viene de una carrera larga y reconocible: fue uno de los cerebros detrás de Justified, esa serie cruda sobre un sheriff rural en Kentucky que se sostuvo durante seis temporadas con un pulso narrativo envidiable. Esa experiencia, la de construir temporadas enteras con ritmo de televisión, es la que ahora aplica en este mundo subterráneo donde la humanidad sobrevive sin saber por qué.
La novela piensa en silencio; la serie piensa en vínculo
La decisión más comentada por los fans de los libros fue mantener a Juliette Nichols como protagonista central durante la tercera temporada, a pesar de que el segundo libro de Howey prescinde de ese personaje en buena parte de sus páginas. Yost lo dice sin rodeos: sacarla de la pantalla habría sido matar a la serie. Para un lector, saltear capítulos o cambiar el foco de un personaje es un acto casi imperceptible; para una serie que necesita audiencias semanales, implica perder el hilo emocional que ata al público.
Lo notable es que Howey no se plantó en contra. Al contrario, lo abrazó. Su historia personal dentro de la cultura de los fandos de escritura colaborativa, esos espacios donde una historia se reescribe una y otra vez a partir de aportes de lectores, lo hizo concebir su propia obra como un campo abierto. Y lo dice Yost, con una frase que lo resume todo: para Howey, esto siempre fue construir en comunidad.
- La diferencia entre sostener un vínculo en televisión y cortar un capítulo en una novela.
- El rol de Howey como fan de la reescritura antes que como autor celoso de su texto.
- Dos audiencias bien marcadas: los que leyeron los libros y los que piden no saber nada antes de ver la pantalla.
- La autocrítica como bandera: Yost reconoce que las distancias son grandes, pero las asume como parte del oficio.
“A veces recibo mensajes de amigos que acaban de leer los libros y me dicen que nos hemos alejado muchísimo. Y yo pienso: sí, amigo, ese es mi trabajo. Tengo que convertir esto en una serie de televisión. Y no soy yo solo: somos un grupo muy grande de personas.”Graham Yost
Me quedo pensando en esto último que dijo Yost mientras termina su explicación. Tiene razón en lo técnico, sí: adaptar es traducir de un lenguaje a otro, y cada idioma tiene sus propias reglas gramaticales. Pero también me quedo pensando en los lectores que se acercan a una serie porque amaron un libro, y que sienten que les cambiaron la mesa sin pedir permiso. Creo que las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo: Silo es una buena serie, y Silo es, también, una lectura diferente de la novela de Howey. Conviene entrar a esa tercera temporada sabiendo eso, porque si uno se entrega a la pantalla como si fuera el libro, se va a enojar. Y si se entrega como a una conversación nueva con viejos conocidos, la va a disfrutar de verdad.
