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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Gatos que comparten el living: cómo cambió la convivencia en los departamentos porteños

Los felinos ya están en más de la mitad de los hogares argentinos con mascotas, según Voices. Especialistas y vecinos de la Ciudad explican qué hay detrás de la elección y qué necesita un gato para vivir bien entre cuatro paredes.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 29 d
Gatos que comparten el living: cómo cambió la convivencia en los departamentos porteños

El termómetro marca una mañana templada en el barrio de Palermo cuando Alejandro, de 27 años, abre la puerta de su departamento y Limón lo recibe como cada día, enredándose entre sus piernas antes de que el joven alcance a dejar las llaves sobre la mesa ratona del living comedor. Limón maúlla, lo mira con esos ojos amarillos que parecen pedirle explicaciones por la ausencia, y trepa al respaldo del sillón para quedarse cerca de la ventana, donde la luz de las diez de la mañana entra generosa y la ciudad se muestra todavía con la calma de los que todavía no salieron a trabajar. En ese departamento de un ambiente reciclado, Limón tiene su propio territorio: un rascador alto apoyado contra la pared, una bandeja sanitaria en el baño, una repisa a la que accede por una escalera que el propio animal aprendió a usar y una caja con juguetes improvisados que Alejandro va renovando cada tanto. La escena, que podría parecer la postal de cualquier domingo, se repite cada jornada y refleja algo que los números empiezan a confirmar: cada vez más argentinos conviven con un gato dentro de un departamento, y la elección dejó de ser una excepción para convertirse en una tendencia con peso propio.

Según la consultora Voices, entre los encuestados argentinos que tenían mascotas, la presencia de gatos subió del 40 por ciento en 2018 al 52 por ciento en 2026. Los perros mantuvieron el primer lugar, aunque su proporción pasó del 88 por ciento al 83 por ciento durante el mismo período. La diferencia entre ambas especies no hace más que estrecharse, en un proceso lento pero sostenido que los especialistas vinculan con los cambios en la manera de habitar y de organizar la vida cotidiana en las grandes ciudades.

Departamentos más chicos, personas que viven solas

Los datos sociodemográficos ayudan a entender el fenómeno. En la Ciudad de Buenos Aires, el Censo 2022 registró que cerca del 40 por ciento de los hogares estaban integrados por una sola persona y que casi tres cuartas partes de las viviendas particulares eran departamentos. Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina, conocida por su sigla AVEACA, vincula la elección de los gatos con esa combinación de personas que viven solas, horarios de trabajo prolongados y espacios cada vez más reducidos, una ecuación en la que la autonomía del felino parece calzar a la perfección. Su adaptación a esas condiciones ayuda a entender la preferencia, aunque la especialista aclara de manera enfática que esa autonomía no implica que el animal pueda prescindir del vínculo cotidiano con las personas, un punto sobre el que insiste cada vez que le preguntan por la vida en un departamento.

“Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien”Alejandro, vecino de Palermo, dueño de Limón

Lo que necesita un gato para vivir bien entre cuatro paredes

Desde el refugio Proyecto 4 Patas, con sede en la Ciudad de Buenos Aires, remarcan que la vida dentro de una vivienda puede ser satisfactoria si el animal cuenta con superficies elevadas donde subirse, rascadores a su disposición, piedras sanitarias limpias, actividades que estimulen el olfato y, sobre todo, momentos cotidianos de interacción con las personas. Fernanda Lazzarino, voluntaria del lugar, explica que durante la última década perdió fuerza la idea de que los gatos son necesariamente distantes o incapaces de adaptarse a una casa, un cambio cultural que se nota en la cantidad de consultas que reciben de gente interesada en adoptar. Entre los tres y cuatro meses existe una etapa relevante para que los gatos callejeros se familiaricen con las personas, y construir confianza después de ese período sigue siendo posible, aunque puede demandar más dedicación. En el refugio insisten con un punto que suelen repetir a los futuros adoptantes: la autonomía del gato no reemplaza la necesidad de compañía, y quienes esperan un animal que se maneje solo durante toda la jornada suelen llevarse alguna sorpresa cuando el felino les reclama atención a los gritos.

  • Superficies elevadas y repisas donde pueda trepar y observar desde arriba.
  • Rascadores firmes para evitar que use los muebles como reemplazo.
  • Piedra sanitaria siempre limpia y en un lugar tranquilo de la casa.
  • Juegos y elementos que estimulen el olfato, como cajas o juguetes con hierba gatera.
  • Momentos diarios de interacción, caricias y presencia de las personas del hogar.

La tarde cae sobre Palermo y Alejandro, antes de sentarse a responder mensajes de trabajo, se acerca a Limón que sigue en la repisa junto a la ventana, lo acaricia detrás de las orejas y se queda un rato en silencio mientras el gato ronronea y se estira. Para él, que organiza sus actividades para volver a horario y compartir tiempo con el animal, la convivencia es un acuerdo simple y cotidiano, hecho de presencia, paciencia y pequeños rituales que se repiten todos los días, y que resumen mejor que cualquier estadística la vida en común que cada vez más argentinos empiezan a elegir.

En esa rutina, coinciden las especialistas consultadas, está la clave de una convivencia que puede ser tan buena para los gatos como para las personas que los acompañan en el departamento, siempre que se respete su naturaleza y se les brinde lo que necesitan para sentirse parte del hogar.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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