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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Fito Páez volvió al piano y se imaginó del otro lado del escenario: frente a una orquesta

El rosarino pasó por Otro día perdido, tocó Al lado del camino y sorprendió al confesar que quiere aprender a dirigir orquestas. Además, recordó junto a Mario Pergolini su historia con Charly García y las giras que los cruzaron.

Por Florencia CabralCultura y espectáculos · · hace 22 d
Fito Páez volvió al piano y se imaginó del otro lado del escenario: frente a una orquesta

Cuando la puerta del estudio se abrió y Fito Páez se sentó frente al piano, ya se notaba que la visita a Otro día perdido iba a ser distinta. No era una entrevista más: era un músico que volvía a uno de los formatos que mejor conoce, el del piano y la canción, y al mismo tiempo se animaba a mostrar un costado nuevo, el de quien todavía tiene ganas de aprender algo que nunca se animó a hacer del todo. Yo lo vi desde la pantalla y confieso que me enganché desde el primer acorde, porque cada vez que Fito se sienta a tocar algo cambia el clima de la conversación.

De El amor después del amor al piano en vivo

El rosarino arrancó con Al lado del camino, uno de los temas centrales de su disco El amor después del amor, aquel que a fines de los noventa marcó un antes y un después en su carrera y en la música argentina. Apenas los primeros compases sonaron en el estudio, quedó claro que la versión iba a ser íntima, casi hogareña, bien distinta a la que se escucha en las grandes giras. Esa búsqueda de volver al formato de piano y voz es algo que el propio Fito viene transitando en sus últimos shows, donde suele mezclar canciones nuevas con clásicos de su repertorio en arreglos más despojados.

Lo interesante es que después de tocar, el músico no se quedó en la zona de confort. Lejos de refugiarse en el repertorio conocido, se abrió a contar proyectos que tiene entre manos y que lo tientan desde hace rato. La frase más reveladora de la noche llegó cuando le preguntaron qué le gustaría aprender a esta altura de su carrera.

“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona.”Fito Páez

Así, sin rodeos, Páez reconoció que le seduce la idea de sentarse no ya frente al piano sino en el podio, frente a una orquesta entera. No es un capricho menor: se trata de un compositor que ya escribió arreglos para grandes formaciones sinfónicas y que, sin embargo, todavía se imagina dando el paso siguiente, el de aprender a dirigirla. Esa confesión dejó a los panelistas con la boca abierta, porque habla de un músico que, a pesar de los años y los escenarios enormes que pisó, sigue sintiéndose un aprendiz.

La mochila de haber compartido escenario con Charly

El otro gran momento de la noche llegó con el recuerdo de Charly García. Pergolini, siempre filoso, le preguntó por algo que quedó dando vueltas durante años: por qué Charly había decidido tocar de espaldas al público en una de las giras que compartieron. La respuesta de Fito fue de las que arrancan una sonrisa y después dejan pensando.

Primero tiró la pelota afuera con picardía: Hay que preguntarle a Charly, dijo, como quien sabe que ciertas decisiones sólo le pertenecen al autor de Eiti Leda. Pero después, ya en serio, Fito se animó a ensayar una explicación: nunca terminó de entender el porqué, aunque siempre pensó que esa disposición en el escenario respondía a una idea visual muy concreta, la de mostrar una melena en movimiento al público. Para él, esa imagen formaba parte de una manera más amplia de pensar el show, de decidir cómo se ve y cómo se cuenta una canción desde lo escénico.

Esa mirada sobre García, más allá del chisme, dejó al descubierto algo que Fito suele repetir cuando habla de sus maestros y colegas: la admiración por alguien que entiende el escenario como un todo, no sólo como un lugar para tocar. Páez destacó las distintas facetas de Charly como compositor, intérprete y verdadero director de lo que pasaba en escena, y reconoció que compartir giras con él le había servido como una escuela.

“Me sirvió porque aprendí un montón.”Fito Páez

La charla también se permitió un rato de preocupación. Fito contó que, unos quince años atrás, había hecho un concierto entero con temas de Charly que él consideraba archiconocidos y se había topado con una sorpresa incómoda: una buena parte del público no los reconocía. A partir de esa experiencia, dijo, empezó a pensar en serio qué lugar ocupan esas canciones en la memoria cultural y cuánto se pierde cuando un repertorio enorme queda fuera del circuito que los vuelve a poner en boca de todos.

El cierre, otra vez con las manos en el piano

Después de la charla, llegó el momento que más se disfruta en un programa así: el de pedir canciones. Fito volvió al piano y se prestó al juego. Entre los temas que tocaron al final estuvieron los que le pidieron el propio Mario Pergolini y los panelistas Evelyn Botto y Agustín Soy Rada Aristarán, que aprovecharon para tentarlo con algunas de las canciones más queridas de su público. Fue un cierre a la altura de la visita, con un Fito distendido, cómplice y todavía con ganas de quedarse charlando sobre música.

Yo me fui de esa emisión con una sensación que vale la pena compartir: la de un artista que ya tiene un lugar enorme en la historia de nuestra música y que, sin embargo, sigue hablando como alguien que tiene cosas por descubrir. Que un tipo que llenó estadios y que escribió algunas de las páginas más importantes del rock argentino confiese que le gustaría aprender a dirigir una orquesta dice mucho de cómo se sostiene una vocación a lo largo de los años. Y dice, también, que cuando alguien ama de verdad lo que hace, nunca deja de ser, en algún sentido, un principiante.

FC
Florencia CabralCultura y espectáculos

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