Fiebre, golpes y pantallas: lo que las mamás y los papás preguntan cuando el chico se pone mal
Cada 20 de octubre se recuerda la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría, una de las entidades más antiguas del mundo en su especialidad. Un repaso por las dudas más frecuentes del consultorio en la voz de la pediatra y de una madre del barrio de Belgrano.
Son las nueve de la mañana de un martes templado en Buenos Aires, con ese sol tibio de octubre que ya empieza a pegar, y la puerta del consultorio pediátrico de la doctora Marta Suárez, en el barrio de Belgrano, no deja de girar. Madres, padres y abuelos llegan con la nena de tres años que comió poco ayer, el nene de siete que se cayó en el patio del colegio, el adolescente que no duerme bien porque se queda hasta las dos de la mañana con el celular. Yo me acomodo en una silla de tela verde y abro la carpeta: quiero entender qué preguntas se repiten, qué preocupa hoy a las familias que crían en la Ciudad de Buenos Aires, y por qué la pediatría sigue siendo un faro en medio de la zozobra cotidiana de criar hijos.
Una fecha para mirar al pediatra a los ojos
El 20 de octubre no es un día cualquiera para quienes nos dedicamos a la salud de los chicos. Se cumplen 114 años de la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría, ocurrida en 1911, lo que la convierte en una de las sociedades pediátricas más antiguas del mundo, incluso por delante de entidades como la Société Française de Pédiatrie, creada en 1929, y la American Academy of Pediatrics, de 1930. En 1973, durante un Congreso Mundial de Pediatría realizado en la Argentina, se instituyó esa jornada como el Día Nacional de la Pediatría. La disciplina acompaña desde el primer día de vida hasta la adolescencia, en una combinación de seguimiento del niño sano y de diagnóstico y tratamiento cuando aparece una enfermedad. Controles de crecimiento, vacunación, sueño y alimentación forman parte de ese cuidado habitual que muchas veces damos por sentado.
“La pediatría no es solo atender cuando el chico se enferma: es seguirlo cuando está bien, ver cómo crece, cómo come, cómo duerme y cómo se vincula con el mundo. Esa presencia es la que hace la diferencia.”Marta Suárez, pediatra
Las preguntas que más llegan al consultorio
- Fiebre: especialistas remarcan que el foco debe estar en el estado general del niño y en la causa del cuadro, no solo en el número del termómetro. En bebés pequeños, o ante decaimiento, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la atención médica requiere mayor rapidez.
- Golpes en la cabeza: pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, alteraciones de conducta o somnolencia inusual son señales que exigen valoración sin demora.
- Tos y vómitos: los pediatras advierten que la automedicación puede sumar riesgos, sobre todo si se combinan productos con componentes similares.
- Alimentación selectiva: la frase "no come nada" atraviesa generaciones. El apetito varía según la edad, el crecimiento y el estado anímico; la consulta ayuda a distinguir una selectividad transitoria de una situación que pide cambios concretos.
- Pantallas, descanso y juego: el uso de dispositivos se sumó en los últimos años al listado de dudas frecuentes, junto con el sueño y las rutinas del hogar.
- Bullying y ciberbullying: la SAP alertó que pueden continuar fuera de la escuela a través de chats, redes y videojuegos, y manifestarse con cansancio, dolor abdominal, alteraciones del sueño o cambios de ánimo.
Mariana, que vive a pocas cuadras del consultorio, en el barrio de Belgrano, me cuenta mientras acomoda a su hija en la silla de paseo que lo que más la angustió fue un golpe en la cabeza cuando la nena empezó a caminar. El susto me duró tres días, me confiesa, y todavía no la saco de vista. Le pregunto qué le respondió la pediatra y repite casi textual lo que escuché unos minutos antes en la consulta: que no se trata de mirar el chichón sino de observar cómo está el chico, cómo responde, si juega, si duerme. La preocupación por la fiebre suma otra capa, porque los números altos suelen asustar más que el estado real del pequeño. Y a eso se le agrega la fatiga de criar en un contexto donde las pantallas forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas, donde la comida selectiva puede convertirse en una pulseada diaria, y donde el acoso escolar se mudó a grupos de WhatsApp y partidas en línea.
Salgo del consultorio cuando ya cae la tarde, con esa luz dorada de octubre que entra por los ventanales del barrio, y la imagen que me queda es la de la sala de espera: un universo de mamás y papás que arrancan el día corriendo hasta un consultorio, con la libreta sanitaria en la mano y la lista de dudas en la cabeza. En una mano, la nena con fiebre. En la otra, la pantalla que pide batería. Y en el bolsillo del saco, siempre, el teléfono de la pediatra. La fecha de hoy es un buen motivo para animarse a llamar, preguntar y, sobre todo, confiar en ese profesional que nos acompaña desde el primer día.
