Ese estornudo de tu perro no siempre es motivo de consulta: cómo leer lo que te quiere decir
El adiestrador canino Tony Silvestre explica que, en la mayoría de los casos, el estornudo es una forma de comunicación emocional y no un síntoma de enfermedad; aun así, hay señales claras para distinguir la alegría de un problema respiratorio real.
A veces uno está tirado en el sillón del living, con la televisión prendida y la ventana entreabierta para que corra un poco de aire, y el perro de la casa se acerca, le apoya el hocico en la rodilla y, de golpe, estornuda. Ahí nomás aparece la preocupación, porque uno enseguida piensa en fiebre, en una infección, en algo que empezó mal. La verdad es que, en la enorme mayoría de los casos, ese estornudo no es una señal de alarma sino todo lo contrario: es la manera que tiene el animal de decirnos que está feliz de vernos, de jugar o de que lo saquemos a la calle. Lo que conviene, entonces, es aprender a leer la escena completa antes de levantar el teléfono y llamar al veterinario.
Qué pasa cuando un perro estornuda por emoción
El adiestrador canino Tony Silvestre lo dice sin rodeos: "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo". La explicación es bastante concreta. Durante los momentos de juego, de caricias o de expectativa por salir a pasear, el cuerpo del perro acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo aparece como una válvula de escape para volver a respirar cómodo. Por eso, si un perro no estornuda nunca, algo también puede estar funcionando mal en ese vínculo con su dueño. "Si no estornuda, significa que no te quiere",resume Silvestre con una cuota de humor que a los vecinos de su barrio de Palermo suele arrancarles una sonrisa.
Las señales que confirman que el estornudo es emocional y no sanitario
- Mirada tranquila y blanda, sin ojos entrecerrados ni mirada perdida.
- Cola que se mueve con ritmo, sin rigidez ni movimientos bruscos.
- Orejas en posición natural según la raza, no tiradas hacia atrás de manera sostenida.
- Postura corporal relajada, sin rigidez en los hombros ni en el lomo.
- Curiosidad durante los paseos y ganas de explorar el entorno.
- Interacción calmada con otros perros en la plaza o en el barrio.
- Gesto de recostarse boca arriba y exponer la panza, una muestra de confianza plena.
Cuando todas estas señales aparecen juntas en el momento del estornudo, el cuadro es claro: el perro está comunicando una emoción, no padeciendo una enfermedad. Los veterinarios coinciden en que también puede haber estornudos por causas externas menores, como cuando les entra un poco de agua en las fosas nasales después de tomar o de zambullirse en una pileta. La cosa cambia cuando los estornudos se vuelven repetidos en reposo o durante la noche, o cuando llegan acompañados de falta de apetito, decaimiento, fatiga o respiración agitada. Ahí ya no queda otra que ir a una consulta profesional para descartar desde un resfrío común hasta alergias o problemas más complejos.
Un criterio simple para no asustarse ni pasarlo por alto
Silvestre propone una regla muy fácil de aplicar en la vida cotidiana, y María del Carmen, vecina de Villa Crespo, dice que la usa desde que la leyó: si el estornudo aparece en medio de una situación de juego, de mimos o de paseo, y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, no hay motivo de alarma. En cambio, si surge de manera repetida, sin relación con el juego ni con la emoción, y se suma cualquier otro cambio en el comportamiento o en el apetito, la consulta con el veterinario deja de ser opcional. Conocer el lenguaje corporal del perro no es un capricho de adiestrador: es la forma más directa de evitar diagnósticos erróneos y, sobre todo, de convivir mejor con un animal que ya nos dio la señal más bonita de todas, esa que volvió a repetirse acá, mientras la lluvia empezaba a caer suave contra los cristales y el perro volvía a estornudar encima de la pata del sillón.
