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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Escapadas cortas y cerca de casa: un antídoto modesto contra el desgaste cotidiano

Un relevamiento de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, advierte que las salidas breves y frecuentes favorecen el bienestar psicológico, sobre todo en quienes tienen menos herramientas para sobrellevar las dificultades. El beneficio, dicen los autores, excede los días de descanso.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 24 d
Escapadas cortas y cerca de casa: un antídoto modesto contra el desgaste cotidiano

La lluvia cae fina sobre el barrio de Belgrano desde primera hora de la mañana y la rutina se impone con la misma insistencia de siempre: el colectivo, la oficina, el súper, la cena rápida y a dormir para volver a empezar. Sin embargo, a pocas cuadras de casa, Graciela Romano, vecina de Núñez, repite cada dos o tres semanas una fórmula que, dice, le cambia el ánimo: "Agarro la mochila, me tomo un tren hasta Tigre y me pierdo entre los ríos. Vuelvo otra persona". Esa costumbre pequeña, que muchos argentinos mimetizan sin darle mayor trascendencia, es justamente la que puso bajo la lupa un equipo de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, al analizar la vida de más de 1.200 turistas australianos entre 2020 y 2023.

El trabajo, encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy, cruzó la frecuencia de los viajes de ocio con indicadores de felicidad, capacidad de sobrellevar situaciones adversas y satisfacción general con la vida. La conclusión es tan concreta como atractiva para el bolsillo: no hace falta un vuelo largo ni un presupuesto abultado para cosechar mejoras en el bienestar psicológico, porque las escapadas próximas al lugar de residencia, siempre que se repitan con asiduidad, también aportan.

Un beneficio que no se agota en las vacaciones

El estudio observó que el impacto positivo no se limita a los días en los que se concreta el viaje. Las personas que suelen organizar salidas breves reportaron estados de ánimo más estables y una mirada más benévola de su propia vida, un fenómeno que los investigadores vincularon con una idea clásica de la psicología positiva: las emociones agradables ensanchan el repertorio de pensamientos y conductas, y ayudan a construir recursos personales que permanecen una vez finalizado el descanso.

El hallazgo ofrece una orientación concreta para quienes organizan políticas turísticas o diseñan productos de esparcimiento. Mulcahy sugirió ofrecer experiencias con apoyos que reduzcan las barreras de acceso, como visitas guiadas, traslados coordinados y actividades al aire libre adaptadas a principiantes. Los ejemplos que mencionó el propio equipo van desde el senderismo suave y el kayak hasta la escalada de nivel inicial.

Quiénes se benefician más

  • Personas que se perciben como más vulnerables frente a las dificultades cotidianas, que mostraron las mejoras más pronunciadas en satisfacción y bienestar.
  • Viajeros con recursos de afrontamiento moderados o altos, en quienes los cambios fueron más sutiles porque partían de una base emocional más sólida.
  • Turistas habituados a repetir escapadas breves, que mantuvieron los beneficios aun después de finalizado cada viaje.
  • Participantes que incorporaron actividades placenteras, como conocer lugares nuevos, acercarse a otras culturas o animarse a experiencias al aire libre.

El matiz es importante: la investigación no asegura que las escapadas cortas curen el malestar emocional, sino que parecen funcionar como un complemento accesible. Para Graciela Romano, la lectura coincide con su experiencia: "No es que mis problemas se evaporen en el río, pero vuelvo con la cabeza más liviana y eso me ayuda a bancarme lo que viene", resume en la vereda de su casa, mientras la mañana sigue gris.

Los límites que dejó la pandemia

Los propios autores reconocen que el alcance del estudio tiene restricciones. Todos los participantes eran turistas australianos y buena parte del período analizado coincidió con las restricciones de circulación impuestas por la pandemia, un contexto que pudo haber modificado los hábitos de viaje y la forma en que se evalúa el propio bienestar. Los investigadores advierten, por eso, que los resultados deben replicarse en otros países antes de extrapolar las conclusiones y recomiendan profundizar en cuánto influyen la duración de cada salida y el tipo de motivación —descansar, buscar aventura o visitar familiares— en los efectos observados.

Mientras tanto, en Núñez la mañana termina con el mismo rumor de colectivo y de café recién servido, pero con una certeza modesta que la ciencia australiana acaba de poner en palabras: para hacer una pausa en la rutina, a veces alcanza con subirse a un tren, caminar por un río cercano y volver a tiempo para dormir en la propia cama.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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