El pesquero que volvió y se llevó a dos hombres prestados: vuelve Mark Jenkin con "Rose of Nevada"
George MacKay y Callum Turner aceptan una misión imposible a bordo de un barco fantasma reaparecido tras treinta años, en la nueva película en dieciséis milímetros del director británico de "Bait".
El puerto todavía huele a sal cuando la cámara llega: barcas meciéndose contra el muelle, redes apiladas como montañas chiquitas y un barco que no debería estar ahí. La escena abre "Rose of Nevada", la tercera película del realizador británico Mark Jenkin, y de entrada queda claro que el pueblo costero donde se cuenta esta historia vive pendiente del mar, del clima y de lo que la pesca les deje cada mañana.
Jenkin no es un recién llegado. Su ópera prima, "Bait", lo había presentado en 2019 con una puesta en blanco y negro rodada en dieciséis milímetros y un retrato áspero de los pueblos pesqueros de Cornualles. Ahí ya estaban los temas que obsesionan a este director: la fragilidad de la economía costera, las comunidades que se vacían, el ritmo lento de una vida atada a las mareas. Con "Rose of Nevada" vuelve a ese universo, lo expande y le agrega una capa de fantasía que, a primera vista, parece sacada de otra película.
Dos voluntarios y un barco del pasado
El motor de la historia es sencillo y, al mismo tiempo, bastante raro. Un barco que lleva el nombre de la película y que había desaparecido del pueblo treinta años atrás reaparece de la nada en el muelle, como si el tiempo lo hubiera estado guardando en un galpón. Los vecinos se organizan para repararlo y volver a ponerlo en marcha, pero conseguir tripulación en un pueblo con cada vez menos pescadores se vuelve una complicación seria. Hasta que aparecen dos voluntarios con razones muy distintas para embarcarse.
Esa diferencia de motivos es la que le da espesor al vínculo entre los protagonistas, interpretados por George MacKay y Callum Turner. Uno mira el barco como una oportunidad laboral; el otro lo vive como una especie de exilio voluntario. Los dos, sin embargo, quedan envueltos en lo que la película presenta como un fenómeno temporal, un corrimiento del tiempo que los lleva a atravesar una experiencia que los cambia.
Pesca, plata que no alcanza y un pueblo que se sostiene como puede
"Rose of Nevada" no se queda en el costado fantástico. Jenkin vuelve a posar la cámara sobre la vida cotidiana de las comunidades costeras del Reino Unido, donde la falta de recursos convive con los peligros del trabajo en el mar y donde la pesca sigue siendo una actividad de la que sus habitantes no pueden prescindir, aunque cada vez les rinda menos. Ese contexto económico no es decorativo: explica por qué dos personajes aceptan subir a un barco sospechoso y por qué el pueblo entero se moviliza cuando ese pesquero fantasmal aparece de vuelta.
El otro sello del director está en la forma. "Rose of Nevada" vuelve a rodar en dieciséis milímetros con esa textura granulosa y un poco agotada que ya era marca registrada en "Bait". El montaje, además, se da el gusto de romper la línea temporal: intercala secuencias, desordena cronologías y hace que el espectador tenga que armar el rompecabezas, igual que los propios protagonistas intentan entender qué les está pasando a bordo.
Una nota en primera persona
Reconozco que "Rose of Nevada" me ganó de entrada por el lugar que elige contar: ese pueblo chico de Cornualles donde el tiempo parece haberse detenido y, al mismo tiempo, está pasando de todo. Me parece valioso que Jenkin insista con un cine que reivindica lo artesanal en la imagen y que se tome en serio la vida de gente que muchas veces queda afuera de las películas grandes. Y aunque la historia pide que uno se entregue al misterio del barco y al fenómeno temporal que propone, lo más interesante termina siendo lo de siempre en su cine: la pregunta de cómo se sostiene un pueblo cuando el mar ya no alcanza. Ahí, en esa pregunta, "Rose of Nevada" se convierte en algo más que un viaje en el tiempo: en un retrato honesto de una forma de vivir que, como el pesquero del título, a veces parece a punto de desaparecer.
