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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El fantasma de Jay Gatsby: la decisión que Jack Nicholson carga hace medio siglo

A los 89 años y retirado desde 2011, el actor todavía se lamenta de haber dicho que no al personaje icónico de F. Scott Fitzgerald. La historia de una decisión personal que terminó empujando el papel hacia Robert Redford y que dejó a Nicholson libre para hacer Chinatown el mismo año.

Por Florencia CabralCultura y espectáculos · · hace 3 d
El fantasma de Jay Gatsby: la decisión que Jack Nicholson carga hace medio siglo

Hay una imagen que a mí, cada vez que la pienso, me devuelve a esos años en los que el cine todavía se hacía con paciencia, con de estrellas charlando en los pasillos de los estudios, y con decisiones que cambiaban el rumbo de la historia sin que nadie pudiera sospecharlo. La imagen es la de un joven Jack Nicholson sentado en una oficina de Hollywood, mirando un guion, calculando silenciosamente qué hacer con su carrera, y eligiendo, sin saberlo, el papel que lo acompañaría toda la vida como una espina clavada justo en el centro del pecho.

Una novela, una obsesión y un no que pesa

Quiero arrancar por el centro de la cuestión: Nicholson tiene hoy 89 años, está retirado de la actuación desde 2011, cuando estrenó ¿Cómo sabes si...?, y sin embargo hay un personaje que todavía lo persigue. Es Jay Gatsby, el héroe trágico y misterioso de la novela de F. Scott Fitzgerald, aquel millonario sospechoso que organiza fiestas descomunales en una mansión de Long Island con la esperanza de recuperar a un amor de juventud. Es el papel que Fitzgerald escribió para que cualquier actor con un mínimo de sensibilidad se sintiera interpelado, y por el que Nicholson pasó décadas escuchando que era el indicado.

El propio actor lo contó en declaraciones públicas y la frase es de las que golpean: definió a Gatsby como "el único papel verdaderamente excepcional" que rechazó y por el que se arrepiente. Vale la pena subrayarlo: no dice que fue el más importante, ni el más taquillero, ni el que más plata le hubiera dado. Dice que fue, lisa y llanamente, excepcional. Una palabra enorme, viniendo de un hombre que tiene en su currículum Chinatown, Alguien voló sobre el nido del cuco, El resplandor, Batman, Mejor imposible y un largo etcétera de películas que cualquier actor firmaría con las dos manos.

El casting que casi fue y no fue

Lo que el público muchas veces no sabe es cómo se cocina una decisión de este tipo. Y la historia del casting del Gatsby de 1974, dirigido por Jack Clayton, es una pequeña novela dentro de la novela. El primer convocado fue Warren Beatty, que también dijo que no. Después llegó el turno de Nicholson, y acá aparece el detalle que a mí me parece clave: el actor tenía reparos para trabajar con Ali MacGraw, que en ese momento era la esposa del productor Robert Evans. Eran los años en que los divorcios y los romances en Hollywood se contaban en las revistas del corazón y también en las reuniones de oficina, y aquel triángulo sentimental era, según el propio Nicholson, un escollo que prefirió no atravesar.

Con Nicholson fuera de carrera, los productores siguieron buscando. Hubo un nombre que se evaluó con seriedad y que a esta altura suena casi cinematográfico: Marlon Brando. Tampoco llegó a buen puerto. Recién entonces, en una de esas piruetas que tiene el destino, el papel terminó en manos de Robert Redford, que venía de haber hecho dos películas con George Roy Hill, Butch Cassidy y Sundance Kid y sus sucesoras inmediatas, y que tenía la imagen del galán rubio y luminoso que el personaje parecía pedir a gritos. El papel de Daisy quedó para Mia Farrow, después de que Evans y MacGraw se divorciaran.

  • Warren Beatty fue el primer convocado y rechazó el papel.
  • Jack Nicholson declinó por motivos personales vinculados a Ali MacGraw, esposa del productor Robert Evans.
  • Marlon Brando fue considerado seriamente antes de quedar descartado.
  • Robert Redford terminó siendo el elegido para encarnar a Jay Gatsby en la versión de 1974.
  • Mia Farrow quedó como Daisy, una vez roto el vínculo entre Evans y MacGraw.

Chinatown, la película que nació del no

Y acá aparece la paradoja más bonita de toda esta historia, la que a mí me gusta pensar como un Recordatorio de que a veces el cine te devuelve con creces lo que creés que te está quitando. Ese mismo 1974, Nicholson se consagró con Chinatown, el policial dirigido por Roman Polanski que escribió Robert Towne y que se transformó, con el paso de los años, en una de las obras más importantes de su carrera. La película le valió una nominación al Oscar como mejor actor, estatuilla que esa noche se llevó Art Carney por Harry y tonto. Pero el verdadero premio fue otro: Chinatown se instaló como una de las películas claves de la década de los 70 y Nicholson confirmó, de una vez por todas, que era uno de los actores más formidables de su generación.

Pienso en esto y me parece que la pregunta del material de base, esa que pregunta si algo hubiera cambiado en la historia del cine si Nicholson hubiese dicho que sí, admite una respuesta que a mí, personalmente, me deja bastante conforme. Sí, probablemente la película de Clayton sería otra, porque la presencia de Nicholson es otra: más oscura, más insinuante, menos dorada y más peligrosa. Seguramente Robert Redford habría hecho otro trabajo en su lugar y la cadena de consecuencias sería larguísima. Pero del lado de Nicholson, haberse liberado de aquel compromiso fue lo que le permitió meterse en la piel de Jake Gittes, el detective con nariz rota y traje impecable que mira una ciudad corrupta por encima de unos anteojos de sol. Si alguna vez alguien necesita una prueba de que las grandes carreras se construyen tanto con los sí como con los no, esta historia sirve como manual.

“El único papel verdaderamente excepcional que rechacé y por el que me arrepiento.”Jack Nicholson
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Florencia CabralCultura y espectáculos

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