El cortisol no es el villano de moda: lo que realmente hace en el cuerpo y por qué no hay que dejarlo en manos de un hashtag
La hormona que las redes convirtieron en enemiga cumple tareas centrales en el organismo. Endocrinólogos consultados explican qué dice la evidencia y cuándo un nivel alto es, en verdad, una señal de alarma.
El tema del día es el cortisol, y vale la pena empezar por lo que se ve en la pantalla del teléfono antes de meterse en el consultorio: publicaciones con millones de visualizaciones que repiten una y otra vez que esa hormona es la culpable de la gordura abdominal, el cansancio crónico, la cara hinchada o el mal humor. La promesa siempre termina igual: un cóctel detox, una receta casera o un testeo exprés que, según los videos, te saca el problema de encima en una semana. Pero cuando uno se sienta a leer lo que dicen quienes estudian el tema, el cuadro cambia bastante, y lo que aparece es una hormona indispensable que cumple funciones que ni siquiera imaginamos mientras leemos esos posteos.
Para entender por qué el cortisol se transformó en una especie de villano de moda hay que saber, primero, qué es. Se trata de una hormona que producen las glándulas suprarrenales, esos pequeños órganos que tenemos apoyados sobre los riñones y de los que casi nadie se acuerda hasta que aparece en una conversación de pasillo. El cortisol participa en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a mantener la presión arterial en valores razonables; modula la forma en que el cuerpo responde a la inflamación y a las infecciones; y, sobre todo, marca el pulso del sueño y la vigilia, porque su nivel sube fuerte entre la madrugada y la mañana y va bajando a lo largo del día hasta llegar al punto más bajo por la noche. Ese sube y baja tiene nombre técnico: se llama ritmo circadiano, y es lo que permite que a las siete de la mañana tengamos la energía para abrir la persiana y a las once de la noche nos caigamos de sueño en el sillón.
Estrés, cortisol y un examen de por medio
Ahora bien, el punto que más se presta a confusión es el del estrés. Cuando el cuerpo percibe una amenaza, ya sea un semáforo en rojo, una noticia complicada o un parcial en la facultad, el cortisol sube de manera transitoria. Eso no es ninguna enfermedad, ni siquiera un síntoma. María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, lo resume con una imagen muy fácil de llevar a casa: si alguien se mide el cortisol justo antes de rendir un examen, es muy probable que el resultado le dé más alto de lo habitual, y eso forma parte de la adaptación normal del cuerpo al esfuerzo, no de un cuadro clínico. La clave está en que, una vez que pasó el momento de tensión, los valores vuelven a su rango habitual. Cuando eso no ocurre y los niveles se mantienen altos durante semanas o meses, ahí sí aparece un escenario distinto.
El verdadero problema clínico: síndrome de Cushing
El cuadro que sí preocupa a los endocrinólogos tiene nombre propio: síndrome de Cushing, y se produce cuando el cuerpo está expuesto de manera prolongada a niveles excesivos de cortisol. En esa situación, el ritmo circadiano se rompe: la hormona puede estar tan alta a la tarde o a la noche como a la mañana, y eso, en algunas investigaciones, se asocia con cambios visibles como aumento de peso en el abdomen, cara redondeada, aparición de estrías violáceas, hipertensión, trastornos de glucosa en sangre y deterioro muscular. Pero Mallea Gil es muy clara al respecto: ese síndrome no tiene relación con las variaciones cotidianas ni con el estrés del día a día. Es una enfermedad específica, que requiere diagnóstico médico, estudios de laboratorio y, en muchos casos, tratamiento farmacológico o quirúrgico. Nada de eso se resuelve con un video de cinco minutos.
“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo
Los mitos que circulan en redes: del cóctel al detox
- El llamado cortisol cocktail, una preparación a base de jugos naturales, sales y, en algunas versiones, suplementos. Aunque ciertos ingredientes pueden consumirse sin riesgo, no existe evidencia científica que respalde su efecto sobre las glándulas suprarrenales ni sobre los niveles de la hormona. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, lo calificó como una exageración, en el mejor de los casos.
- La promesa de la cara de cortisol, que asocia rasgos faciales como hinchazón o redondeo con un nivel elevado en picos diagnósticos. En la población general, esos rasgos suelen responder a otros factores, como retención de líquidos, alimentación o falta de sueño, y no a un desajuste hormonal sostenido.
- El cortisol detox, la idea de que hay que depurar el cuerpo para bajar la hormona. El organismo ya cuenta con mecanismos propios de regulación y eliminación, y no se ha demostrado que estas supuestas limpiezas produzcan cambios clínicamente relevantes.
Yo creo que lo más importante de todo esto es volver al principio. Si uno se levanta una mañana cualquiera de julio en Buenos Aires, con ese frío húmedo que se mete en los huesos, y siente que está cansado, que le duelen las articulaciones y que la panza no le cierra el jean, no lo primero que tiene que pensar es en el cortisol. Probablemente alcance con revisar cuántas horas durmió, qué comió en la semana, cuánta agua tomó y cómo viene el ánimo. Y si la molestia se sostiene en el tiempo, lo que corresponde es ir al médico de cabecera, pedir un análisis de sangre y, si hace falta, consultar con un endocrinólogo. Los trending topics pueden entretener, pero la salud no se resuelve con un cóctel de cocina ni con un hashtag.
