Dolina entró al selecto honoris causa de la UBA con su propia leyenda bajo el brazo
La Facultad de Ciencias Sociales distinguió al escritor, músico, conductor y actor por una trayectoria que, según la casa de estudios, también transformó su apellido en parte del lenguaje cotidiano.
El Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, en la sede de la calle Santiago del Estero, recibió el viernes por la tarde una ceremonia atravesada por una sensación poco habitual en los actos académicos: la de escuchar hablar de un artista cuyo nombre ya se volvió parte de la conversación diaria, incluso antes de que la universidad tomara la palabra para distinguirlo.
Allí la Universidad de Buenos Aires entregó a Alejandro Dolina el título de Doctor Honoris Causa, una distinción aprobada el año pasado por resolución de la Facultad de Ciencias Sociales en reconocimiento a su trayectoria como escritor, músico, compositor, conductor radial y actor. La ceremonia cerró con un conversatorio entre Dolina y el psicoanalista Gabriel Rolón, una conversación que permitió reunir el universo de la cultura popular con la mirada de una institución que volvió a poner el foco en una figura capaz de circular por varios lenguajes sin quedar encerrada en ninguno de ellos.
Una trayectoria que se volvió lenguaje, personaje y memoria colectiva
En el laudatio, la directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Larisa Kejval, destacó la singularidad de "La venganza será terrible", el ciclo radial que Dolina conduce desde hace más de cuatro décadas. Kejval subrayó además un dato que dice mucho sobre la relación del programa con su público: la cuenta oficial en Spotify convive con grabaciones subidas por oyentes durante años, hasta el punto de que el ciclo compite, en palabras de la especialista, "contra sí mismo en términos de audiencia".
La intervención también puso el acento en un fenómeno poco común en la cultura popular: que el nombre de Dolina se haya convertido en adjetivo y en verbo de uso corriente. El texto leído durante el acto agregó que una plaza del barrio de Flores lleva el nombre del Ángel Gris, uno de sus personajes, en lugar del propio. "Es el triunfo de la prosa", se afirmó allí, resumiendo con esa idea el modo en que una obra puede dejar de pertenecer solamente a su autor para instalarse en la lengua de una comunidad.
El reconocimiento se suma a otros otorgados en los últimos años por la UBA a figuras centrales de la música y la cultura argentina. En 2025, la Cátedra de Música Popular de la carrera de Artes distinguió de igual manera a Charly García, y ese mismo año Carlos "Indio" Solari recibió el título durante un acto en la Facultad de Ciencias Médicas, veinte días antes de su muerte.
Más allá de los títulos y los expedientes, la distinción vuelve a poner en primer plano una pregunta que me parece ineludible: qué artistas de la cultura popular argentina merecerían hoy un reconocimiento así. La lista es necesariamente abierta, porque no se trata de elegir una única voz, sino de reparar en quienes, desde la música, la literatura, el teatro, el cine o la radio, ayudaron a construir una manera compartida de imaginar el país. En ese sentido, el honoris causa de Dolina no cierra una discusión: la abre, y deja en el centro a una cultura que, cuando encuentra, puede convertirse en parte de la vida cotidiana.
