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Lunes, 19 de octubre de 2026
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De una chacra cordillerana a los premios de Cumbria: las mermeladas que viajaron hasta Inglaterra y volvieron con medallas

En San Martín de los Andes, un taller de la organización Puentes de Luz produce mermeladas artesanales con frutos del patio. Tres de ellas fueron distinguidas en un concurso internacional que reúne miles de productores de todo el mundo.

Por Graciela BerardiSociedad y vida · · hace 1 h
De una chacra cordillerana a los premios de Cumbria: las mermeladas que viajaron hasta Inglaterra y volvieron con medallas

Son las nueve y media de la mañana y la mañana está fresca, como suele estarlo acá, en San Martín de los Andes, cuando todavía el lago Lacar devuelve esa bruma que parece humo y el aire trae aroma a eucalipto y a leña de las estufas que siguen prendidas hasta bien entrado octubre. En una chacra a pocos kilómetros del centro, un grupo de jóvenes termina de acomodar frascos sobre una mesa larga de madera. Algunos los limpian con un paño, otros les pegan las etiquetas a mano, todos sonríen como si supieran algo que el resto del pueblo todavía no se enteró. Y algo saben, porque hace apenas unas semanas, tres de esas mermeladas —esas mismas que están guardando en cajas— fueron premiadas en los Dalemain World Marmalade Awards 2026, una competencia que se realiza todos los años en Cumbria, Inglaterra, y que este año reunió 3.400 productos de 33 países.

Las medallas no fueron un detalle menor: la de limón y menta con bayas de arrayán se llevó bronce, igual que la de naranja tradicional, y la de naranja con clavo de olor y canela se quedó con una mención de honor. Para los que estamos en este pueblo cordillerano, la noticia cayó como cuando cae la primera nevada de la temporada: de golpe, sin aviso y con una alegría enorme que se contagia de casa en casa.

Un taller con casi veinte años de historia

Detrás de cada frasco hay una historia que empezó en 2007, cuando un puñado de familias se juntó movido por una pregunta que todavía hoy muchos padres se hacen en el sur: qué va a pasar con nuestros hijos cuando nosotros no estemos. De esa pregunta nació Puentes de Luz, una organización de la sociedad civil con sede en San Martín de los Andes que trabaja con adolescentes, jóvenes y adultos con discapacidad. Uno de sus fundadores es Luis Rodríguez, psicólogo y hermano de una mujer con síndrome de Down, que me cuenta por teléfono, con esa calma que tienen los que saben esperar, que la organización se pensó desde el primer día como un lugar donde la discapacidad dejara de ser un motivo de exclusión y pasara a ser una capacidad concreta, visible, productiva.

En 2012, Puentes de Luz dio un paso clave: abrió su propio Centro de Día, lo que evitó que decenas de familias tuvieran que viajar varias horas hasta Neuquén capital o San Carlos de Bariloche para acceder a servicios de atención. En casi dos décadas, la organización acompañó de forma cotidiana a más de cien personas, brindó espacios de contención a más de mil familiares y capacitó a más de seis mil docentes y profesionales. Sus eventos comunitarios, a lo largo de los años, convocaron a más de treinta mil personas.

Sabor Natural: la cosecha que se transforma en trabajo

Sabor Natural es el brazo productivo de Puentes de Luz y funciona como una pequeña usina dentro de la chacra. Ahí se cultivan frutas y hierbas aromáticas, se cosecha, se elabora y se envasa. Los jóvenes intervienen en todas las etapas, desde la selección de la fruta hasta el etiquetado final, y también se producen miel y mezclas de especias que llegan a distintos puntos de la Patagonia y del país. El objetivo, según remarcan quienes coordinan el taller, no es solo fabricar alimentos artesanales, sino construir un proyecto de vida para cada participante, con formación, trabajo y autonomía real.

Eso se nota en los nombres que uno se cruza cuando visita el lugar. Maxi Wosner trabaja en el mercado laboral abierto y también en el taller de Sabor Natural. Sofía La Placa es pintora y fue declarada Embajadora Cultural de San Martín de los Andes por el Concejo Deliberante. Lautaro Prieto integra la Selección Argentina de Básquet para personas con síndrome de Down. Son apenas tres trayectorias entre las muchas que pasan por la organización, pero sirven para entender de qué se habla cuando se habla de inclusión con mayúsculas.

  • Mermelada de limón y menta con bayas de arrayán: medalla de bronce.
  • Mermelada de naranja tradicional: medalla de bronce.
  • Mermelada de naranja con clavo de olor y canela: mención de honor.

Desde la organización adelantaron que las tres mermeladas premiadas se van a producir en una edición limitada disponible para el público, con el sello de los Dalemain World Marmalade Awards en la etiqueta, que es como decir que un jurado inglés las probó, las evaluó y las eligió entre miles. A esa selección hay que sumarle el dato del contexto: se trata de una chacra patagónica atendida por jóvenes que, en muchos casos, no habían cruzado nunca una frontera internacional, y que de repente ven su trabajo reconocido en una de las competencias más exigentes del rubro.

Voces del barrio y de la chacra

Cuando uno se acerca al predio y pregunta qué sintieron al recibir la noticia, las respuestas se parecen. Me lo cuenta Marcela, vecina del barrio El Arenal, que suele pasar a retirar miel para su familia: "Te pone contenta, porque uno compra la mermelada en el súper y no piensa quién la hizo, y cuando te enterás de que la hicieron pibes de acá, de los nuestros, te da algo en el pecho". Lo dice mientras termina de cerrar la puerta de su casa, con un termo en la mano, y se queda pensando un segundo antes de agregar: "Y si encima les dan un premio en Inglaterra, ya es para festejarlo en todo el pueblo".

Vuelvo entonces a la escena con la que arranqué esta nota, esa mesa larga de madera de la chacra, los frascos alineados, las etiquetas pegadas a mano y el sol de media mañana entrando por la ventana. Esta vez, sin embargo, miro cada frasco y pienso otra cosa: que en un pueblo del sur argentino, donde muchas veces la noticia que viaja es la de la crisis o la del ajuste, hay un taller donde se cosecha fruta, se cocina, se etiqueta y se aprende a hacer, y que ese hacer, paciente y silencioso, acaba de conquistar una medalla al otro lado del Atlántico. Y eso, en definitiva, es lo que celebramos hoy.

GB
Graciela BerardiSociedad y vida

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