Cuando una pierna se queja: las señales del cuerpo que no conviene dejar pasar
La trombosis venosa puede golpear sin aviso, pero suele dejar pistas antes de convertirse en una emergencia. Lo que hay que saber sobre los factores de riesgo, los síntomas de alerta y los momentos de la vida en los que conviene extremar los cuidados.
Son las siete de la tarde de un martes húmedo en el barrio de Belgrano y Marta, vecina de la calle Sucre, todavía se queja de esa molestia en la pantorrilla derecha que empezó hace tres días, cuando volvió de un viaje largo en micro desde Mar del Plata. Primero pensó que era un calambre, después creyó que era el calor —el termómetro marcaba 32 grados y la humedad no bajaba del setenta por ciento—, pero hoy la pierna se le hincha, se le nota más oscura que la otra y al tocarla siente un calor que no tiene la izquierda. Marta tiene 58 años, fuma desde los veinte y está tomando anticonceptivos desde hace más de dos décadas, y aunque todavía no lo sabe, su cuerpo le está mandando señales que conviene no ignorar: dolor, hinchazón, cambio de color y calor localizado son, según los especialistas, los cuatro indicadores físicos que pueden delatar la presencia de un coágulo de sangre en una vena profunda.
Qué pasa cuando se forma un coágulo
La trombosis venosa profunda se produce cuando la sangre, que debería circular fluida por las venas, se espesa y forma un trombo —una especie de tapón— en el interior del vaso, generalmente en las piernas o en la pelvis. El problema se vuelve realmente grave cuando ese coágulo se desprende y viaja por el torrente sanguíneo hasta los pulmones, donde puede obstruir una arteria y provocar una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que requiere atención médica inmediata. La buena noticia, como remarcan los cardiólogos preventivos, es que se trata de una afección prevenible en buena parte de los casos, y que reconocer las señales a tiempo marca la diferencia entre una consulta programada y una madrugada en la guardia.
- Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo, que a veces se confunde con un calambre o con una contractura.
- Hinchazón en una sola extremidad, que puede aparecer de un día para otro o aumentar con el correr de las horas.
- Cambio en el color de la piel, que se ve más roja, azulada o simplemente más oscura que la piel de la pierna sana.
- Sensación de calor en la zona afectada, perceptible al tacto y distinta de la temperatura de la otra pierna.
Cuándo hay que llamar a emergencias
Si al dolor de pierna se le suma falta de aire de aparición repentina, dolor en el pecho que se agudiza al respirar hondo, tos con sangre o un episodio de desmayo, no hay que esperar ni pedir turno: corresponde llamar al servicio de emergencias de inmediato, porque esos son los síntomas clásicos de una embolia pulmonar, la complicación más temida de un coágulo que se ha desplazado hasta los pulmones. Los especialistas insisten en que frente a esas señales la consulta no puede esperar al médico de cabecera ni al consultorio del barrio: cada minuto cuenta.
Los factores que elevan el riesgo
No todas las personas tienen la misma probabilidad de desarrollar un coágulo, y la lista de factores que pueden inclinarla es más larga de lo que uno imagina. Haber tenido un coágulo previamente es, según los cardiólogos, la señal de alerta más fuerte: quien pasó por un episodio tiene más chances de repetirlo. También pesan los antecedentes familiares y las condiciones hereditarias como la trombofilia, una predisposición genética a coagular de más. El tabaquismo sigue siendo un enemigo silencioso, porque el cigarrillo daña la pared de los vasos y facilita la formación de trombos. Los períodos prolongados de inmovilidad —un viaje largo en avión, una internación, una recuperación en cama después de una cirugía— enlentecen la circulación y favorecen el estancamiento de la sangre. Y en la lista se suman enfermedades crónicas muy comunes en la población adulta: diabetes, insuficiencia cardíaca y cáncer, entre otras, que alteran el delicado equilibrio de la coagulación.
Las tres etapas de la vida donde las mujeres deben extremar los cuidados
En la vida de las mujeres hay tres momentos que los especialistas miran con atención porque modifican de manera significativa el riesgo de trombosis. El primero es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno: para la mayoría de las usuarias el riesgo es bajo, pero existe y se potencia cuando se combina con otros factores como fumar o ser sedentaria. El segundo es el embarazo y el posparto: durante la gestación el cuerpo activa mecanismos para evitar hemorragias en el parto, y eso pasa por aumentar la capacidad de coagular, lo que deja a la mujer más expuesta durante varios meses, incluso después del nacimiento. El tercero es la terapia hormonal que se utiliza para aliviar los síntomas de la menopausia: cuando incluye estrógeno, también puede elevar el riesgo de trombosis, sobre todo en combinación con tabaco o sobrepeso. Conocer estas etapas y hablar con el ginecólogo antes de empezar o continuar un tratamiento hormonal es, para los especialistas, una de las llaves de la prevención.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
Marta, la vecina de Belgrano, esa tarde no fue a la guardia porque todavía confió en que se le pasaría con un poco de hielo y un analgésico. Pero cuando dos días después le apareció esa falta de aire caminando hasta el kiosco de la esquina, su hija la subió al auto y la llevó al Hospital Italiano. Los estudios confirmaron lo que los médicos sospechaban: un coágulo en la pantorrilla que había empezado a migrar. La atendieron a tiempo, y hoy Marta cuenta la historia como quien cuenta un milagro —pequeño, de todos los días— que le cambió la forma de mirar el dolor de piernas. «Yo pensé que era el calor —dice, mientras toma un té en su cocina de siempre—. Si me quedaba en casa una noche más, no sé cómo terminaba». Su caso resume, sin proponérselo, lo que los cardiólogos insisten en repetir: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida, el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, y la consulta a tiempo sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos a disposición.
