Cuando un mensaje corto se vuelve una novela: lo que hay detrás de la sobreinterpretación en la pareja
Las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño advierte sobre los mecanismos que llevan a convertir un silencio o una respuesta breve en un conflicto. Distinguir los hechos de las suposiciones, reconocer las propias emociones y animarse a preguntar de manera directa aparecen como las claves para cortar ese círculo.
Son las nueve de la mañana de un martes cualquiera y, mientras camino por la calle Arenales, el teléfono me vibra en el bolsillo: un mensaje corto de mi pareja que dice, apenas, "hoy llego tarde". Antes de terminar de leerlo, ya estoy armando un razonamiento que no me pidieron: por qué, qué hice mal, desde cuándo. Esa pequeña escena hogareña sirve como punto de partida para entender un fenómeno que las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño describen con una precisión que abruma: la sobreinterpretación de la comunicación en la pareja, ese mecanismo por el cual una palabra, un silencio o una demora se transforman en la prueba irrefutable de algo que todavía nadie dijo.
La neuropsicóloga Karina Carreño lo resume de un modo que me hizo detenerme: cuando alguien responde con pocas palabras, eso es un hecho comprobable; que esté molesta es, en cambio, una interpretación. Esa diferencia parece mínima y, sin embargo, sostiene buena parte de las discusiones de pareja que se originan alrededor de una pantalla. La especialista propone, en diálogo con este medio, regular primero la ansiedad, conversar después y, sobre todo, evitar dar por cierta una intención que todavía desconocemos.
Tres herramientas para cortar el circuito
De las dos conversaciones se desprenden tres movimientos concretos que cualquier lector puede poner en práctica esta misma noche, antes de responder ese whats app que le dejó dando vueltas.
- Distinguir el hecho de la interpretación: una respuesta breve es dato; la supuesta molestia es una construcción propia que conviene revisar antes de actuar.
- Reconocer la propia emoción antes de intentar descifrar al otro: la psicóloga Marina Mammoliti sugiere mirar qué nos pasa frente al silencio, en vez de gastar energías adivinando pensamientos ajenos.
- Preguntar de manera directa, sin, para bajar la incertidumbre y evitar que la alerta se transforme en reclamo.
A esa lista se suma un aprendizaje que a veces se olvida: no siempre se puede obtener una explicación en el momento exacto en que aparece la inquietud. Carreño plantea que es necesario aprender a convivir con respuestas que no llegan de inmediato, y que la paciencia se vuelve, en sí misma, una herramienta de cuidado del vínculo.
Por qué al cerebro le cuesta no inventar
La pregunta del millón es por qué cuesta tanto no caer en la sobreinterpretación. Carreño lo explica con claridad: cuando falta información sobre los sentimientos o pensamientos del otro, el cerebro intenta anticiparlos. Y para completar lo que desconoce, recurre a un archivo íntimo: experiencias anteriores, temores, inseguridades. Así, una demora de veinte minutos termina asociada con una pérdida de interés, aunque no haya un solo elemento que permita sostener esa conclusión.
Mammoliti, por su parte, señala que las experiencias dolorosas condicionan la lectura que hacemos de las conductas de la pareja. Una necesidad genuina de estar a solas puede percibirse como indiferencia cuando existe miedo al abandono. La inseguridad, la baja autoestima o los antecedentes de infidelidad alimentan, según la psicóloga, la búsqueda de confirmaciones y el intento de controlar al otro como modo de calmar la propia angustia.
“Cuando esas conjeturas pasan a dirigir las respuestas, aparecen discusiones por situaciones imaginadas y pedidos reiterados de seguridad que, con el tiempo, afectan la confianza.”Karina Carreño, neuropsicóloga
Vuelvo a la escena del principio, ya entrada la tarde, con el mate enfriándose en la cocina. Releo las cuatro palabras del mensaje y advierto lo que no había visto a la mañana: que no había, en rigor, ningún dato nuevo que justificara la novela que me inventé. La propuesta de las especialistas es volver a los hechos y abrir el diálogo antes de que la suposición se endurezca. No se trata de dejar de sentir, aclaran, sino de no dejar que el miedo escriba el guion de una conversación que todavía no tuvimos. En tiempos de pantallas que contestan y de silencios que pesan, ese pequeño desplazamiento del foco —del otro hacia uno mismo, del rumor hacia la pregunta— puede ser la diferencia entre una pelea heredada y una pareja que se entiende.
