Cuando la gripe da un giro inesperado: las alertas que el cuerpo enciende y que no conviene dejar pasar
El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que la mejoría seguida de un empeoramiento brusco puede ser la pista de una complicación grave, desde neumonía hasta un infarto, y détaille a quién le pega más fuerte el virus de la influenza.
Son las nueve de la mañana en el barrio de Belgrano y eltermómetro del kiosco de la esquina marca apenas nueve grados. La garúa fina que cae sobre la vereda obliga a apurar el paso, y mientras abrigo el cuello de la campera pienso en cuántas veces escuché, en la sala de espera del médico, esa frase que parece tranquilizadora: "Ya pasó lo peor". El problema es que, cuando se trata de gripe, esa mejoría engañosa puede ser justamente la señal de que algo más serio está empezando, y eso es algo que el infectólogo Dhatri Kotekal, de Cleveland Clinic, se encarga de remarcar cada vez que le preguntan hasta dónde puede llegar el virus de la influenza en un organismo aparentemente sano.
Para entender por qué la gripe no es un trámite menor alcanza con repasar lo que explica Kotekal: sentir que el cuadro afloja y, casi sin aviso, volver a sentirse mal, con fiebre que regresa, tos que se intensifica o un cansancio que ya no se explica, es un motivo suficiente para consultar sin demora, porque ese cambio repentino suele delatar la aparición de una infección secundaria, encabezadas por la neumonía, que es la complicación potencialmente mortal más frecuente asociada a esta enfermedad.
Las señales de alarma que piden atención médica urgente
- Falta de aire o dificultad para respirar, sobre todo si aparece en reposo.
- Dolor o sensación de presión en el pecho, que puede irradiarse al brazo o a la mandíbula.
- Labios o uñas con color azulado, señal de que la sangre no se está oxigenando bien.
- Confusión, desmayo o cambios bruscos en el estado de conciencia.
- Vómitos intensos o persistentes y signos de deshidratación severa.
- En niños pequeños, respiración acelerada, aleteo nasal y llanto que no se calma con nada.
La lista de alertas parece un decálogo pensado para adultos, pero los chicos también hablan con el cuerpo, y por eso la pediatría insiste en que una respiración agitada, los quejidos al respirar o un llanto inconsolable son motivos para ir a la guardia sin pensarlo dos veces, como me recordó Mabel, vecina de Villa Urquiza y madre de dos, mientras esperaba su turno en la farmacia: "Con los chicos no se improvisa, yo aprendí que cuando un nene se pone irritable y respira raro, lo mejor es que lo vea alguien". En los adultos, la confusión y el desmayo suelen ser las señales más subestimadas, porque uno tiende a atribuirlas al cansancio, y ahí es donde el cuadro se complica en silencio.
Quiénes están en la línea de fuego y por qué
El especialista consultado por Cleveland Clinic es categórico al describir a la población más expuesta: los menores de cinco años, los mayores de 65, las embarazadas y quienes conviven con diabetes, enfermedades renales, cardíacas, pulmonares u obesidad integran el grupo donde el deterioro puede consolidarse en apenas 24 o 48 horas, lo que convierte a la consulta temprana en una decisión con reloj. Estar sano antes de enfermarse reduce el riesgo, aclara, pero no lo elimina, y esa aclaración es clave porque muchas veces se escucha que la gripe "a los fuertes no les hace nada", una creencia que Kotekal se ocupa de desmentir con datos: tanto la influenza A como la B pueden provocar cuadros graves, y el tipo de virus no descarta el riesgo individual.
El abanico de complicaciones que puede dejar la influenza es más amplio de lo que sugiere el manual del resfriado común. Además de la neumonía, que puede originarse por el avance del propio virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que aprovecha las defensas debilitadas, existe el riesgo de sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios del paciente. La gripe también puede empujar al límite a quienes ya conviven con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, causar insuficiencia respiratoria y, en pacientes con problemas cardíacos previos, alterar el pulso y la presión arterial hasta desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular, complicaciones que explican por qué los especialistas insisten en no subestimar ni una semana de fiebre alta.
“La vacunación anual es la herramienta de prevención más efectiva que tenemos, y aplicarse la dosis reduce de manera significativa el riesgo de complicaciones graves.”Dhatri Kotekal, infectólogo de Cleveland Clinic
Salgo del kiosco y la garúa se ha vuelto más persistente, esa llovizna finita y constante que cala los huesos y que, según cuentan los vecinos mayores del barrio, anticipa los primeros fríos duros del invierno. Mientras cruzo la calle pienso que la gripe llega cada año como una visita conocida y, por eso mismo, muchas veces despreciada, como si lo familiar le quitara peligrosidad. Pero la advertencia de Kotekal es difícil de ignorar: estar atentos a las señales de alarma, no confiarse de la mejoría aparente y consultar a tiempo puede ser la diferencia entre una semana en cama y una internación que nadie tiene en los planes, sobre todo cuando el cuerpo, de pronto, deja de responder como uno espera.
