Cuando el pelo se cae de golpe: qué mirar antes de buscar suplementos
Una pérdida repentina o un afinamiento que no se detiene pueden estar contando algo más que un problema estético. Hormonas, tiroides y déficit de hierro aparecen en la consulta como los principales sospechosos, pero solo los estudios permiten confirmar el origen y decidir qué hacer.
Son las nueve de la mañana de un martes húmedo en Buenos Aires, con el cielo encapotado y esa llovizna fina que no termina de definirse, y en la peluquería del barrio de Belgrano ya están las primeras clientas esperando turno. Una de ellas, a la que llamaremos Laura, le cuenta a su peluquera que hace semanas nota más mechones en la almohada y en el peine, y que una zona de la coronilla se le ve, dice ella, como más clarita. La peluquera, práctica, le pregunta si tuvo cambios de peso, si el ciclo menstrual se le descompuso o si está más cansada de lo habitual, y le recomienda una consulta médica antes que cualquier producto de góndola. La escena se repite, con distintos rostros, en muchos barrios porteños: la caída del pelo en mujeres dejó de ser solo un tema de cosmética y pasó a ser una puerta de entrada para revisar la salud hormonal y nutricional.
Encontrar más pelo del habitual al lavarse o peinarse, o advertir zonas donde se pierde de manera repentina, son motivos suficientes como para pedir turno con un especialista, según recuerdan entidades como la Clínica Mayo. La advertencia apunta a que un cambio así puede estar acompañando una condición médica que necesita tratamiento, y que un afinamiento que persiste o se acelera, sobre todo si aparece junto con otros síntomas, no conviene dejarlo correr pensando que es algo estacional o de estrés.
Qué se chequea en la consulta
- Los antecedentes clínicos y un examen del cuero cabelludo, según la Academia Estadounidense de Dermatología, son el primer paso para orientar el diagnóstico.
- Análisis de sangre o biopsia del cuero cabelludo, que se piden cuando hay sospecha de una enfermedad, una alteración hormonal o una carencia nutricional.
- Evaluación de hierro, biotina o zinc en sangre, ya que los suplementos solo se recomiendan cuando los estudios confirman niveles insuficientes, y no de manera preventiva.
- Revisión del funcionamiento de la tiroides, porque tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo pueden manifestarse con caída del cabello.
El aspecto del cabello, por sí solo, no alcanza para conocer el origen del problema. Por eso la consulta suele empezar con preguntas sobre la historia clínica y un repaso del cuero cabelludo con dermatoscopio, y puede completarse con estudios de laboratorio o, en casos puntuales, con una pequeña biopsia. En ese recorrido aparecen con frecuencia tres grandes sospechosos: los trastornos tiroideos, el síndrome de ovario poliquístico y la deficiencia de hierro, aunque la lista no se agota ahí y siempre debe mirarse cada caso de manera individual.
Hormonas, tiroides y hierro: lo que la evidencia viene mostrando
Un trabajo disponible en PubMed Central revisó 155 casos de alopecia femenina y encontró que la falta de hierro fue el hallazgo más frecuente, seguida por otras causas, incluidas enfermedades tiroideas. Los autores aclaran que se trata de una descripción de esa muestra y que no permite concluir que cualquier mujer con caída capilar tenga déficit de hierro, una distinción importante para no medicalizar ni generalizar a partir de un solo estudio.
El síndrome de ovario poliquístico, explica la Clínica Mayo, puede presentarse con mayor actividad de andrógenos y un patrón de pérdida similar al masculino, con entradas que se profundizan y una zona central que se va afinando. Suele estar acompañado por menstruaciones irregulares, acné, aumento del vello facial o corporal y dificultades para lograr un embarazo, aunque ninguna de esas manifestaciones confirma por sí sola el diagnóstico, que requiere estudios hormonales y ecográficos. En cuanto a la tiroides, la Academia Estadounidense de Dermatología señala que algunas personas notan desprendimiento de mechones al cepillarse, y que tratar la enfermedad de base suele revertir la caída asociada a ella.
En todos los casos, la recomendación de los consensos dermatológicos es la misma: los suplementos de biotina, zinc o hierro se indican cuando un análisis de laboratorio confirma la carencia, y no como medida automática. Tomar hierro sin haberlo chequeado, por ejemplo, puede generar un exceso que también es problemático, y la biotina en dosis altas puede interferir con algunos análisis de sangre. Por eso el recorrido sensato empieza en el consultorio y termina, si hace falta, en la farmacia con un suplemento recetado.
Volvamos a la peluquería de Belgrano, donde Laura, la clienta del mechón en la almohada, ya tiene el turno con la dermatóloga sacado para la semana que viene. Antes de irse, le deja un dato a la peluquera: los antecedentes familiares cuentan, porque la alopecia androgenética también tiene su peso en la historia de la madre o las tías. La escena, que arrancó con un peine lleno de pelo, se cierra con una conclusión simple: cuando la caída aparece de golpe, se concentra en una zona o se vuelve más abundante de lo habitual, lo más prudente es dejar de buscar soluciones en la góndola y pedir una cita con un especialista, que es el único que puede distinguir entre un problema estético, un desbalance hormonal o un déficit que se corrige con un tratamiento a medida.
