Arequipa, la Ciudad Blanca que mira de cerca a tres volcanes
A una hora y veinticinco minutos de vuelo desde Lima, la ciudad peruana expone su arquitectura colonial hecha con piedra volcánica, sus templos reabiertos tras el terremoto de 2001 y un horizonte dominado por el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu. Recorridos por la Plaza de Armas, la iglesia de San Agustín y el mirador de Yanahuara.
En el suroeste del Perú, a mil setecientos metros de altura sobre el nivel del mar, Arequipa abre su temporada alta con una postal poco frecuente: una ciudad colonial declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2000, rodeada por tres volcanes y atravesada por terrazas agrícolas que todavía recuerdan los sistemas de cultivo incas. Desde Buenos Aires, el camino más corto es vía Lima y luego un vuelo interno de una hora y veinticinco minutos que desciende sobre el valle del río Chili, entre el Misti, de 5.822 metros sobre el nivel del mar, el Chachani y el Pichu Pichu, que custodian el horizonte y se vuelven referencia obligada de cada mirador.
Centro histórico, sillar y una catedral que volvió a levantarse
La Plaza de Armas concentra la primera lectura del casco histórico. A su alrededor se alinean la catedral, reconstruida después del terremoto de 2001, y los portales de la Municipalidad, de Flores y de San Agustín. El material que distingue a esas construcciones es el sillar, una piedra de origen volcánico que le valió a Arequipa el apodo de Ciudad Blanca. En el interior del templo principal se conserva un órgano fabricado en Bélgica, de 12 metros de altura y 1.218 tubos, que todavía suena durante las misas dominicales; además, es posible subir al campanario para obtener una vista cenital de las manzanas coloniales.
“A pocos pasos de la Plaza de Armas, la iglesia de San Agustín ofrece otra parada ineludible. La entrada a su capilla cuesta 10 soles y, en ese sector, no se permiten fotografías ni registros con dispositivos. Los frescos que adornan el templo incorporan vegetación y aves de la selva peruana, un contrapunto tropical en medio del paisaje árido que rodea a la ciudad.”
Yanahuara, picanterías y la logística que conviene resolver antes de viajar
Para observar el cuadro completo de montañas, el mirador de Yanahuara es la parada más fotogénica del recorrido: desde su altura se aprecian el Misti y sus vecinos, y se entiende por qué la geografía marca el ritmo de la ciudad. Al preparar la valija, conviene contemplar la diferencia térmica: las temperaturas diurnas rondan los 24 grados, pero por la noche pueden bajar a entre 8 y 10 grados. El clima seco y los cielos despejados predominan buena parte del año y acompañan los paseos a pie, las visitas a las picanterías —locales tradicionales donde se sirven platos regionales como el rocoto relleno y el adobo— y las excursiones hacia los volcanes.
