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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Antártida desde Ushuaia: la travesía que depende del clima y de la pericia del capitán

El caudal de turistas que chaque verano austral parte desde el puerto fueguino hacia el continente blanco enfrenta la incertidumbre del Pasaje de Drake, itinerarios que el viento puede dar vuelta en cuestión de horas y desembarcos en Zodiac sujetos a la decisión final de quien comanda el buque. Una guía con los aspectos prácticos que conviene tener en cuenta antes de embarcar.

Por Paula IturriozAmbiente y agua · · hace 10 d
Antártida desde Ushuaia: la travesía que depende del clima y de la pericia del capitán

Cada temporada estival, cuando el hielo retrocede lo suficiente como para habilitar el acceso, varias decenas de miles de hectáreas de costas, islotes y canales de la Península Antártica reciben la visita de turistas que parten desde Ushuaia, en el extremo sur de la Argentina. Las expediciones comerciales que ofrecen los operadores locales prometen una experiencia cercana a un paisaje que pocos pueblos del mundo pueden contemplar de manera directa, pero el recorrido depende, en buena medida, de factores que escapan al control de las empresas y de los propios pasajeros: el clima, el estado del mar, la presencia de hielo flotante y, en última instancia, la decisión del capitán de cada buque.

Preparativos antes de subir al barco

Teo Gounaris, director ejecutivo de Antarpply Expeditions, explicó que la primera precaución comienza antes del embarque: recomienda llegar a Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de zarpe, porque una demora aérea puede dejar al pasajero sin posibilidad de abordar. También sugirió contratar un seguro de viaje con cobertura adecuada y consultar con cada operador qué elementos provee la empresa, ya que no todos incluyen las botas impermeables, las prendas exteriores ni el equipo técnico que demanda el descenso en zonas frías.

No se necesita experiencia como explorador o montañista, pero sí una condición física razonable. Gounaris señaló que hace falta movilidad suficiente para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y para desplazarse sobre superficies irregulares, como rocas cubiertas de musgo, nieve o hielo. La vestimenta adecuada, insistió, se construye por capas: ropa interior térmica, un aislante intermedio y una capa exterior cortaviento e impermeable, de modo que el pasajero pueda ajustar el abrigo a los cambios de temperatura entre la cubierta, el Zodiac y la costa.

El camarote y el movimiento del barco

La elección del camarote suele ser una de las decisiones más subestimadas. De acuerdo con el ejecutivo, el movimiento del buque se siente menos en los sectores bajos y cercanos al centro de la nave, donde el casco reduce la oscilación. En las cabinas superiores, en cambio, las vistas sobre el mar abierto son privilegiadas, pero las sacudidas del oleaje se perciben con mayor intensidad, algo particularmente relevante en el tramo del Pasaje de Drake, la franja de aguas agitadas que separa Sudamérica de la Península Antártica.

  • Llegar a Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de embarque para evitar perder el barco por una demora en los vuelos.
  • Contratar un seguro de viaje con cobertura específica para destinos polares y evacuación médica.
  • Consultar con la empresa qué indumentaria y equipos provee (botas impermeables, parkas, chalecos salvavidas) y qué debe llevar el pasajero.
  • Vestirse por capas: térmica, aislante y cortaviento impermeable, con guantes, gorro y protector solar de alta gama.
  • Elegir cabinas en sectores bajos y centrales del buque para reducir la sensación de movimiento en el Drake.
  • Tener presente que los itinerarios pueden modificarse sobre la marcha por viento, oleaje o presencia de hielo flotante.

Cruzar el Drake y desembarcar cuando el clima lo permite

La navegación arranca en el Canal Beagle, a la salida de Ushuaia, y se prolonga hacia el sur a través del Pasaje de Drake, donde el estado del mar varía de una travesía a otra: hay cruces relativamente calmos y otros en los que las olas superan los cinco metros. Durante ese tramo, el equipo de expedición ofrece charlas sobre los paisajes, la fauna, la historia de los exploradores y las estrictas pautas ambientales que rigen las visitas, en línea con los protocolos del Tratado Antártico.

Una vez en aguas antárticas, la empresa procura organizar hasta dos salidas diarias, de unas tres horas cada una, siempre que el clima lo permita. Los Zodiac, embarcaciones neumáticas de casco rígido, permiten realizar desembarcos en costas a las que el buque no puede acercarse y recorrer sectores donde se concentran colonias de pingüinos, focas, aves marinas y, con algo de suerte, cetáceos. Las actividades en tierra incluyen caminatas cortas, observación de témpanos y glaciares y, en algunos casos, el ingreso a bases científicas o refugios históricos.

“El recorrido previsto puede modificarse por el viento, el oleaje o la presencia de hielo. Las decisiones finales corresponden al capitán.”Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions

Durante el verano austral es posible observar pingüinos de distintas especies, focas cangrejeras, leopardo y de Weddell, petreles, skúas y, en ciertas rutas, ballenas jorobadas y Minke, aunque los avistamientos nunca están garantizados. Está prohibido tocar o alimentar a los animales y deben respetarse distancias mínimas y protocolos de bioseguridad para evitar introducir especies o patógenos ajenos al ecosistema antártico. Tampoco se puede tomar ningún elemento del lugar ni dejar residuos.

El buque Ushuaia, una de las naves que opera en la región, tiene capacidad para 90 pasajeros distribuídos en 46 cabinas y suites, y dispone de comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias. Se trata de un tamaño intermedio dentro del segmento antártico: lo suficientemente chico para acceder a bahías poco profundas y lo bastante grande para ofrecer cierta estabilidad en aguas abiertas. Para los operadores con base en la Argentina, el negocio turístico hacia la Antártida se sostiene sobre una ventana climática estrecha que se extiende, en general, desde noviembre hasta marzo, y que depende tanto de la deriva de los hielos como de la voluntad de quienes, temporada a temporada, eligen cruzar el Drake.

A la hora de evaluar el impacto ambiental de esta actividad, conviene recordar que la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó en 2017 una sentencia emblemática en el caso de los ríos Atuel y Diamante, en la que reconoció el derecho humano al agua y la obligación del Estado de garantizar el acceso al recurso. Ese precedente, aunque referido a cuencas mendocinas, instaló un estándar que también puede leerse como referencia para discutir el modelo de explotación turística de los ambientes más sensibles del país, incluidas las áreas protegidas y los mares que rodean a la Antártida. Lo que falta, en definitiva, es un debate abierto y participativo sobre cuántos visitantes puede absorber ese continente sin que la huella comience a ser irreversible, y qué rol le cabe a la Argentina, dueña del puerto de partida y parte activa del Tratado Antártico, en la fijación de esos límites.

PI
Paula IturriozAmbiente y agua

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