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A 25 años del 11-S, cómo se reinventó el control en los aeropuertos y qué debe saber hoy quien se toma un avión

Escáneres corporales, tope de 100 mililitros para líquidos, puertas de cabina blindadas y zapatos fuera del bolso: la seguridad aérea que nació tras los atentados de 2001 se volvió parte inseparable del ritual de cualquier vuelo. Una guía para entender las reglas vigentes y evitar sorpresas en el mostrador.

Por Paula IturriozAmbiente y agua · · hace 34 d
A 25 años del 11-S, cómo se reinventó el control en los aeropuertos y qué debe saber hoy quien se toma un avión

El 11 de septiembre de 2001 no cambió solo la geopolítica: modificó también, de manera profunda y duradera, la experiencia cotidiana de cualquier persona que toma un avión. Un cuarto de siglo después de aquellos atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, las medidas de seguridad que entonces se implementaron de urgencia siguen vigentes, perfeccionadas y extendidas a prácticamente todos los aeropuertos del mundo, y la routine que hoy damos por descontada cuando pasamos por el control.

El cambio más visible, y el que terminó marcando el rumbo global, fue la creación de la Administración de Seguridad del Transporte, conocida como TSA, en noviembre de 2001 en Estados Unidos. La nueva agencia reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se encargaban de la seguridad en los aeropuertos y puso en pie un cuerpo de inspectores federales con estándares únicos. Su modelo, con adaptaciones, se replicó después en buena parte de los países, y es la razón por la que las colas, los escáneres y las preguntas del personal de seguridad se parecen tanto de un lado y del otro del Atlántico.

Dos intentos de atentado que redefinieron las reglas

El primero fue el llamado "zapato bomba": un pasajero intentó detonar explosivos ocultos en su calzado durante un vuelo interno en Estados Unidos. A partir de ese episodio, muchos aeropuertos pasaron a exigir que los viajeros se saquen los zapatos antes de pasar por el escáner corporal; en varias terminales hoy se pide retirar solo el calzado voluminoso, pero la regla se mantiene como herencia directa de aquel intento.

El segundo fue el plan desbaratado en 2006 para usar explosivos líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos. De ahí viene la norma más recordada por los pasajeros: el tope de 100 mililitros para líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano. La regla es estricta y no admite excepciones: se puede llevar hasta un litro en total, repartido en envases individuales de no más de 100 mililitros cada uno, todos dentro de una bolsa de plástico transparente y resellable.

  • Líquidos, geles y aerosoles: hasta 100 ml por envase, en una bolsa plástica transparente con cierre, máximo un litro en total.
  • Dispositivos electrónicos: hay que sacarlos de la mochila y presentarlos por separado para ser escaneados.
  • Calzado: en muchos aeropuertos es obligatorio retirarlo antes del control; en otros, solo el de volumen considerable.
  • Objetos punzantes: tijeras, cuchillos pequeños y cortaplumas quedaron prohibidos en el equipaje de mano.
  • Puerta de la cabina: blindada y sin acceso de pasajeros durante el vuelo; la tripulación recibe entrenamiento específico para situaciones críticas.

La consecuencia menos visible, pero más costosa para el viajero, es el tiempo. Los controles más exhaustivos alargaron de manera significativa el paso por el aeropuerto. Para vuelos internacionales la recomendación general es llegar con al menos tres horas de anticipación; para vuelos domésticos, dos. En temporada alta, Semana Santa, julio, diciembre y fechas de eventos masivos, conviene sumar un margen adicional, porque las colas se multiplican y cualquier demora en el control puede comprometer el embarque.

En la Argentina, las medidas se aplican con criterios propios pero alineados con los estándares internacionales. Aerolíneas Argentinas y el resto de las operadoras recomiendan a sus pasajeros informarse antes de cada vuelo sobre los objetos permitidos y los volúmenes máximos, ya que las terminales de Ezeiza y Aeroparque aplican controles que, en la práctica, replican los protocolos globales. La consulta previa a la web del aeropuerto o de la aerolínea sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar que un frasco de más o un elemento prohibido arruinen el inicio del viaje.

PI
Paula IturriozAmbiente y agua

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